Fold House…

Conozco a mi marido muchos años antes de que fuéramos novios; primero fuimos amigos. Las casas en las que ha vivido, unas cuantas por cierto, fueron diseñadas por mi suegro (obviamente era arquitecto, ahora ya jubilado), y todas ellas las recuerdo a diferentes alturas. Esta forma nunca fue casual, sino que respondía directamente a la topografía del terreno, lo que siempre ha hecho de ellas viviendas muy especiales. Esto mismo ocurre con la casa que os muestro hoy, ubicada en las colinas de Berkeley, y que destaca por cómo se integra en el entorno sin pasar desapercibida.

Con una silueta angulosa y planos inclinados, se genera movimiento y, al mismo tiempo, encaja con el paisaje. Es una de esas viviendas que no solo miran al exterior, sino que lo incorporan como parte esencial del proyecto.

El proyecto diseñado por Artifact Collaborative, bautizado como Fold House, parte de una idea muy clara: crear el volumen con efecto de pliegue. Esa decisión formal no es solo un gesto estético. Estos pliegues generan profundidad, protegen del sol en determinados momentos del día y permiten abrir grandes superficies acristaladas sin perder control climático. La arquitectura no compite con el entorno, lo enmarca.

La fachada principal, prácticamente acristalada y orientada al oeste, ofrece unas vistas inmejorables. Desde las estancias principales se alcanza a ver San Francisco y el Golden Gate, y esa relación visual constante con el paisaje transforma la percepción del interior. No es una casa cerrada hacia dentro, sino un espacio que respira horizonte.

En el interior, los 291 metros cuadrados se distribuyen en cuatro dormitorios, tres baños completos y un aseo de cortesía. A esto se suman una zona de estar independiente y un despacho pensado para el trabajo en casa. La organización responde a una lógica muy actual: espacios comunes amplios y conectados, pero con rincones que permiten intimidad y concentración cuando se necesita.

La luz es, sin duda, uno de los grandes aciertos del proyecto. Los ventanales de suelo a techo y los lucernarios, estratégicamente ubicados, aprovechan la geometría plegada del techo para introducir iluminación natural en profundidad. A lo largo del día, las sombras se desplazan por las superficies blancas y de madera clara, aportando dinamismo sin necesidad de artificios. El interior resulta sereno, limpio, muy contemporáneo, pero no frío.

En cuanto a los materiales, la vivienda combina acabados duraderos y una paleta sobria que no distrae de lo esencial: espacio y paisaje. La cocina, integrada en la zona principal, mantiene esa coherencia formal con líneas depuradas y soluciones discretas de almacenamiento. Todo está pensado para que la arquitectura sea la protagonista, no el mobiliario.

Otro aspecto especialmente relevante es su planteamiento energético. La casa funciona de forma totalmente eléctrica e incorpora paneles solares con batería de almacenamiento, bombas de calor de alta eficiencia y preinstalación para vehículo eléctrico. Además, la estructura ha sido diseñada teniendo en cuenta la normativa sísmica de la zona, algo imprescindible en California. No se trata solo de estética; hay una reflexión técnica y responsable detrás.

Lo interesante de esta vivienda es que consigue equilibrar varios factores que no siempre van de la mano: una imagen potente, una distribución funcional y una estrategia sostenible bien integrada. No hay elementos superfluos ni gestos gratuitos. Cada decisión formal parece tener una justificación práctica.

Me gusta especialmente cómo el concepto del “pliegue” no se queda en la cubierta, sino que define la identidad completa del proyecto. Desde el exterior se percibe como una pieza algo abstracta; desde el interior, esos mismos pliegues generan altura, luz y amplitud. Es una arquitectura que se entiende mejor viviéndola que observándola en plano.

En definitiva, una casa contemporánea que apuesta por la claridad formal, la conexión con el entorno y la eficiencia energética sin renunciar a una presencia rotunda. Un ejemplo de cómo la arquitectura residencial puede ser, a la vez, técnica, sostenible y emocional.

Imágenes: Peter Lyons para Dwell

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