Fire Island…

Fire Island es una pequeña isla con una superficie total aproximada de 22 kilómetros y no llega a los 300 habitantes. Está a unos 8 kilómetros de Long Island y a poco más de una hora de Nueva York. Un lugar donde el retiro es tal que por no haber no hay ni coches, para desplazarte por la isla hay que hacer uso de una bicicleta o simplemente caminar. En realidad no hay calles, son paseos realizados con tablas de madera las que se encargan de conectar las casas, los muelles y la playa. Se la conoce también por ser frecuentada sobre todo en verano, por multitud de famosos en busca de desconexión.

La casa que vais a ver la descubrieron antes de casarse Alex Bates y Andrew Hoffman, fundadores de la consultora de diseño sostenible Flint & Kent. Era una manera de huir de Nueva York buscando un entorno tranquilo donde poder descansar. En un primer momento la alquilaron, pero tras contraer matrimonio y tener hijos, decidieron comprarla. La casa data de 1911 y no tuvieron que hacer prácticamente nada en ella, era tal su encanto que la mantuvieron tal cual.

La renovación que sufrió la vivienda vino tras el huracán Sandy, en 2012. Dicho huracán hizo tres brechas en la isla e inundó cientos de hogares. A ellos les tocó arreglar partes de la casa (como algunas zonas del suelo), pero no demasiadas porque tenía “buenos huesos”. Y ya que estaban manos a la obra, quisieron imprimirle una buena dosis de optimismo pintando suelos y techos de un blanco brillante para que la luz rebotara a cualquier hora del día. Y de paso, cambiar cocina y baño, dos de las estancias más importantes de la casa (la isla de la cocina me tiene enamorada).

La propiedad tiene unos cien metros cuadrados, así que en cuanto a la decoración también quisieron simplificar al máximo. En un principio sus antiguos propietarios la tenían llena de antigüedades, algo que llamó su atención puesto que ellos venían del mismo sector. Ahora excepto por alguna que otra pieza de diseño (como el juego de sillas de Norman Cherner de mediados de siglo) o la mesa de comedor antigua de la primera imagen, la casa se alimenta mayormente de la inspiración por la isla, piezas sencillas y objetos naturales que encuentran en sus orillas.

Os dejo con esta maravilla de casa, espero que os guste…

¡Feliz fin de semana!

Fotografía: Marta Xochilt Perez / Vía: The Maryn

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The House of Silence

Podría afirmar que esta casa es una de las más bonitas que he publicado en el blog, al menos para mí. Primero me enamoré de la butaca que veis bajo estas líneas, luego vino todo lo demás. Entre lo que también estaba descubrir la verdad, no era real sino un render, pero tan realista que me ha dejado sin palabras (aunque es una pena porque ahora no podré descubrir de dónde es esa maravillosa butaca).

El diseño de esta vivienda de 68 metros cuadrados, ha sido realizado por la arquitecta y diseñadora rusa María Marinina, y le ha puesto el bonito nombre “The House of Silence” (La casa del silencio). No se explica en su web el porqué del nombre, pero lo cierto es que le viene al pelo, la casa transmite paz.

Por toda ella discurre una misma gama cromática, los tonos tierra y los grises se extienden por todo el espacio, sólo interrumpidos por un bonito rosa en el cuarto infantil. La madera es la gran protagonista con sus techos a dos aguas y viguería vista, que bien podría simular una casita de cuento, en ella todo invita al recogimiento. En el interior se mezclan piezas rústicas como la mesa del comedor y los taburetes, con otras más contemporáneas como el sofá o la iluminación del salón, y luminarias mid-century en el dormitorio, con otras piezas más especiales como la bañera o el lavabo del baño realizados por completo en cemento, o piezas de diseño como el espejo Half Moon Mirror de Ben & Aja Blanc de la entrada. Al final encontramos un conjunto en perfecta armonía, precisamente por lo que os comentaba, porque sigue una misma gama cromática que ayuda a ver el espacio como un “todo”.

El dormitorio es otro remanso de paz, su doble cabecero y las vistas desde la cama hacen que despertar en ella pueda parecer un suplicio (y lo digo porque no debe apetecer mucho salir de ahí cada mañana :-)). De las mismas vistas también disfruta la cocina, la zona de estudio del cuarto infantil, la zona de estar y el hall, así que prácticamente desde toda la casa se puede contemplar el exterior. Otro privilegio más.

Lo dicho, a pesar de ser un render es tan realista que me la imagino a la perfección como casa de retiro espiritual: “The house of silence”, el nombre no me puede gustar más.

Imágenes: My Paradissi y Behance

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Maravillosa locura…

Lo primero de todo felicitaros el año y disculparme por haber desaparecido tanto tiempo. Mi idea era retomar la rutina el lunes, como ha hecho casi todo el mundo, pero me tienen si internet en casa (lo que afecta también a la tele y al teléfono fijo), así que a la desesperada ando compartiendo los datos de mi móvil con mis hijas y ahora con el portátil. Prometieron arreglarlo en 72 horas máximo (esto fue el lunes) y lo pusieron como urgente porque somos cuatro chalets afectados, pero veo que los plazos no se cumplen :-(

Y cambiando de tema ¿qué tal vuestras Navidades? Las mías agotadoras como siempre, y eso que este año me lo he tomado todo con más calma, pero al final los compromisos siempre están ahí y el poco descanso se nota, así que la vuelta al cole sienta bien (excepto por el despertador).

Creo que lo comenté en algún post de IG, aunque también llevo un par de años escribiéndolo en el blog, hace tiempo decidí no hacer propósitos de año nuevo. Antaño escribía largas listas con altas expectativas que lo único que me generaban eran estrés y frustración si no alcanzaba mis objetivos, ahora prefiero que éstos sean a corto plazo y más realistas, no presionarme tanto, vivir más tranquila porque lo único que pido y necesito es salud, lo demás es mucho menos relevante. Mi foco ahora mismo está en cuidar de los míos y de mi misma, eso es todo.

Y para empezar el año con energía positiva, ahí va una buena dosis de cromoterapia. He encontrado esta vivienda en la revista Elle Decor y la verdad es que me ha parecido un poco “loca”, no sé, o te encanta o la aborreces, pero seguro que no os deja indiferentes y no me negaréis que es un buen chute de color para empezar el día. Lo cierto es que jamás viviría en un sitio así, lo veo más propio para un lugar de paso, como un hotel, pero su diseño es muy inspirador ¿no creéis?

El piso se encuentra en Nueva York y fue diseñado por el estudio Reutov Design. Los propietarios, una pareja que trabaja en el mundo de la moda, confiaron en el interiorista que se inspiró en Méjico para llenar esta vivienda de color. El cemento turquesa del suelo recuerda al mar Caribe y el rosa de las paredes, al color que usaba el archi conocido arquitecto Luis Barragán. No sólo los colores recuerdan a Méjico, también las formas y materiales, hacen un guiño al país. Cilindros de poliuretano recubren las paredes y en los dormitorios se construyeron unas estanterías con forma de escalera que recrean las construcciones mejicanas.

Respecto a la decoración hay una mezcla de diseños propios fabricados en cemento, cobre o terrazo, con piezas de firmas conocidas, como el sofá de Roche Bobois, lámparas de Michael Anastassiades o papel pintado de Callico Wallpaper. Y como ya habréis intuido el toque definitivo mejicano lo ponen los cactus colocados estratégicamente por toda la casa.

Y a vosotros ¿qué os parece? ¿Es demasiado?…

Vía: Elle Decor

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Lewisham House

Esta casa es una mezcla de dos mundos contrapuestos, que unidos adquieren todo el sentido. En ella encuentro reflejada muchos de mis gustos estéticos, porque yo también soy de polos opuestos, aunque aquí sólo se muestren dos de ellos. Por un lado está la parte clásica de la vivienda, debido a sus orígenes victorianos (lo entenderéis en cuando lleguéis al pasillo, una de mis partes favoritas), y por otro lado la elegancia minimalista y contemporánea que aportan los espacios abiertos y los materiales nobles utilizados para la rehabilitación de la vivienda. Para hacer mi top-tres en gustos decorativos, me faltaría alguna zona que me recordara al mar, con elementos naturales e imperfectos, quizás podría haber sido en el exterior aunque soy consciente que en esta casa no pegaría mucho, supongo que encontrar una vivienda que cumpla con todos tus gustos decorativos es como si te tocase la lotería, posibilidades cero ;-)

Para llevar a cabo la rehabilitación, el equipo de interioristas de Sanders & King junto al estudio de arquitectura RBA Architects, intentaron respectar al máximo el espíritu de la vivienda original, como los suelos de madera, la pared de ladrillo o las paredes de yeso. Al espacio existente le unieron una estructura de corte moderno a la que se accede a través de unas grandes puertas de vidrio y acero. Como punto focal de este nuevo anexo, se diseñó la cocina con una gran isla central de hormigón y vestida en sus laterales con paneles de latón. Tras los grandes armarios, se ha dispuesto una zona de trabajo y lavandería. Y junto a la cocina, se encuentra el salón con chimenea y vistas al jardín.

Cuando llegamos a la zona antigua de la vivienda, donde más se nota el contraste es en los baños. Mientras la propia arquitectura del espacio, los suelos de terrazo antiguo o de madera, denotan su naturaleza clásica, el mobiliario elegido pone el contrapunto con sus líneas rectas y su diseño contemporáneo. Al dormitorio creo que se le podría haber sacado más partido y hacerlo algo más acogedor, me encanta el toque de la chimenea pero en su conjunto lo veo un poco insulso. Es el único “pero”, al resto le pongo un diez bien grande.

¡Feliz fin de semana!

Imágenes: Peter Bennetts 
Via: Est Living

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Navidad en la montaña…

Por mucho que quiera resistirme las Navidades están a la vuelta de la esquina. Los que llevabais conmigo años sabéis que no llevo nada bien estas fechas, me resultan tristes, me estresan sobremanera, lo veo todo como un sinsentido (consumismo puro y duro). Hubo un tiempo, cuando mis hijas eran pequeñas y veía su ilusión, que realmente consiguieron contagiármela, pero aquello por desgracia terminó, ahora con la adolescencia y sabiendo quién es Papá Noel y Los Reyes Magos, la magia terminó y por tanto todo tipo de ilusión. Vaya que no le veo la gracia a que mi hija me mande un WhatsApp con varios links diciéndome los “modelitos” que le apetecen o que yo tenga que hacer lo mismo con mi familia ¿dónde está el factor sorpresa? A mí me apasiona regalar, pero a quién yo quiero y cuándo yo quiero, es decir porque me lleva un sentimiento, jamás por imposición y así es como me hacen sentir las Navidades, como una obligación. Otra cosa son las comidas con familia y amigos, eso sí me gustan, pero lo de los regalitos habría que dejarlos para los cumpleaños :-)

Como siempre aprovecharemos estos días de fiesta para sacar la decoración navideña. Me apetecía cambiar este año pero me ha pillado el toro y no he comprado nada, voy a ver si con lo que tengo por casa soy capaz de improvisar algo nuevo o por el contrario me quedo en la línea de estos años pasados. Si recordáis me gustan los árboles no demasiado recargados (que se vea el verde), suelo mezclar una base de blanco y crudo, unos años con plata y otros con dorado (a veces me ha dado por el azul, pero han sido las menos). Tengo ganas de probar un año con el rosa, pero como no he hecho los deberes, otra vez será. Y poco más añado a la decoración, alguna vela, una rama, unas piñas en la chimenea,… cosas muy sencillas que completan el ambiente. Sea cuál sea el resultado, ya os lo enseñaré.

¿Sabéis por qué os traigo hoy una casa de montaña? Porque si pudiera elegir dónde pasar unas navidades, sin duda alguna me iría con mi marido y mis hijas a un refugio de montaña, a desconectar del trajín de estos días y pasarlo en familia de verdad, solos los cuatro, no necesitaría más.

De esta casa podéis sacar un montón de ideas decorativas para copiar: recipientes de cristal que dejan lucir su contenido, guirnaldas de luces, velas, pequeñas ramas (pino, eucalipto, hiedra,…), piñas y otros materiales naturales, bonitos regalos envueltos con cariño,… tantos detalles que no se salva ni el cuarto de baño. Si queréis leer el reportaje completo podéis hacerlo aquí.

Y vosotros ¿habéis puesto ya vuestra decoración de navidad o sois como yo y lo dejáis para este puente?

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La fábrica de zapatos…

La semana pasada encontré esta casa pero por algún motivo no la quise compartir, supongo que no era el momento, quizás hay cosas que no son cien por cien de mi estilo, el caso es que se hubiera quedado en el olvido entre la inmensa maraña de información que consumo de internet, de no ser por mi nueva clienta.

Tengo un proyecto nuevo, en este caso no es de reforma sino de decoración y hasta ahora sólo habíamos mantenido un primer contacto telefónico. Me explicó un poco por encima sus necesidades y me envió un par de fotos con el móvil para que me hiciese una idea del espacio. La visita llegó el martes y ¡oh cielos! excepto por un tema de telas y poco más, le dije, no me necesitas ;-) Su casa es como un baúl de tesoros y no lo digo porque tenga una Tulip (eso ya es envidia máxima), es que el resto son muebles familiares restaurados o comprados en mercadillos, o que sencillamente se los han regalado porque otros no aprecian su valor y yo los veo y me dan ganas de llorar (de amor, claro), más aún cuando la pobre me dice ¿esto está muy destartalado, verdad? ¡Pero si tiene un museo! Y a lo que iba al principio, cuando me habló de su pasión por el verde lo entendí al ver su habitación, es un poco el tono de verde de esta casa (de ahí que ahora la haya sacado a la palestra), aunque mi clienta lo tiene de manera más sutil que aquí (un cabecero pintado a mano, unas mesillas decapadas y un escritorio, lo demás en blanco para rebajar). Ojalá cuando terminemos el proceso me deje enseñar el antes y el después, más que nada para que veáis su chéster, su banco de iglesia, su vieja alacena,… todos sus tesoros.

Y nos vamos a la casa de hoy. Ahí donde la veis es una antigua fábrica de zapatos convertida en loft. Se encuentra en el barrio londinense de Shoreditch y sus propietarios son los arquitectos del estudio Chan + Eayrs. Buscando la luz natural y comprender el espacio, vivieron durante un tiempo sin levantar un sólo tabique. Finalmente la distribución se fijó en base a las baldosas del suelo y tan sólo se delimitaron las zonas privadas (pasillo, dormitorios y baños).

Respecto al interiorismo han querido crear una sensación de “casa de árbol” llevando la gama de los verdes, azules y colores tierra a su hogar, para separarlo de la jungla de asfalto que hay en el exterior. Todo está realizado a media, con elementos naturales y basándose en aquellos viajes que más les han marcado (como el suelo de terracota, traído de Marruecos, donde se casaron). Si queréis saber más sobre este proyecto tenéis aquí el reportaje al completo.

Una casa diferente sí, quizás no me gustaría para vivir, pero sin duda es interesante para ver ¿no creéis?

Imágenes: Toby Lewis Thomas

Y os recuerdo que seguimos de sorteo con Posterlounge, si te perdiste el post corre a leerlo aquí.

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Un proyecto de Isabel López-Quesada

Amor a primera vista, menos por un pequeño detalle que suele incluirse en muchas casas de campo. Los “tesoros de caza” no me van nada, véase las cornamentas que lucen (o deslucen) el salón. Pero no por ello voy a dejar de mostraros el resto de la casa que es sin duda, una auténtica maravilla.

Se trata de una finca de campo situada en Extremadura, cuyo interiorismo y rehabilitación integral ha sido llevado a cabo por la archi conocida Isabel López-Quesada. No sólo la casa, el entorno es un auténtico privilegio, sus propietarios disfrutan de sendas y caminos para pasear, montar a caballo o ir en bicicleta, sus grandes pasiones. Creo que mi marido se va a encaprichar de esta casa, a él que le gusta tanto correr por el monte :-), conste que yo tampoco le hago ascos.

En la casa conviven elementos naturales, con otros de corte clásico y antigüedades. Como el enorme cuadro dorado en el salón obra del pintor barroco español Juan Carreño de Miranda, o la mesa española del S. XVII que le acompaña. El gran sofá en “L” de lino blanco pertenece a Güell-Lamadrid, frente a él una cómoda francesa del S. XVIII. El punto más natural lo pone la gran alfombra a modo de estera.

Muchas de las paredes se han recubierto de lino antiguo, como las del despacho, zona de paso entre el salón y el comedor. Tanto en esta estancia como en el salón, sorprenden los techos realizados con escayola en forma de retícula. Ya en el comedor al entrar, dos grandes estanterías francesas flanquean la puerta, mostrando vajillas y cristalerías. La mesa es de madera sin tratar y va acompañada de sillas Tulip de los años 60. Sorprende en un rincón del comedor una fotografía de gran formato llamada “Coke” de Romina Ressia de la tienda YellowKorner.

Hasta la cocina llega el mismo tipo de techo en retícula para dar continuidad visual, al igual que otro cuadro de gran formato de José Manuel Lladó se convierte en el protagonista de la estancia. Todos los muebles están realizados a medida por un carpintero.

En el dormitorio principal tanto el cabecero como el canapé, se tapizaron con un lino belga y las paredes se decoraron con láminas de temática botánica procedentes de un brocante. Junto a él, el baño principal (una de mis estancias favoritas), el mueble no puede ser más espectacular, recuperado de una tienda, sirve de almacenaje y como soporte para los lavabos. En el otro baño de invitados, los muebles son igualmente recuperados.

No perdáis detalle, os vais a enamorar…

Vía: Elle Decor
Fotografía: Montse Garriga

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