Espejos

Como curiosidad me gustaría dejaros una breve explicación de la historia del espejo, ya que a lo largo de los siglos ha pasado de algo funcional y con poco uso, a uno de los elementos más decorativos del hogar.
Los espejos como utensilios de tocador datan de las civilizaciones egipcia, griega, etrusca y romana.
Se elaboraban generalmente de cobre, plata o bronce. Su forma era redonda u oval, decorada con grabados o relieves mitológicos en el reverso y con mango tallado para asirlos cómodamente; de ellos, se conservan todavía muchos ejemplares en algunos museos arqueológicos.
Durante la alta Edad Media, apenas se hizo uso de ellos, hasta que en el siglo XIII se inventó la fabricación de espejos de vidrio y de cristal de roca sobre lámina metálica, aunque hasta el siglo XVIII se siguieron haciendo también, los que sólo llevaban metal.
El espejo, tal y como lo conocemos hoy día (como un elemento más de decoración) empieza en el siglo XVI, en los dos siglos anteriores su uso era poco corriente. En dicho siglo, se presenta con marco elegante y pie artístico y ocupa lugar distinguido en el salón como objeto movible y de dimensiones reducidas. Hacia fines del siglo XVII las fábricas venecianas logran construir espejos de gran tamaño y desde entonces sirven como objetos singularmente decorativos en los salones y otros espacios donde se les reserva un lugar destacado.