La casa de la arquitecta Valentina Andriulli.

Si hace unos años me hubieran dicho que me fijaría en una casa donde el color rojo lo inunda todo, no lo creería. Supongo que los gustos cambian con la edad, o sencillamente el ojo se acostumbra a ver más allá. Porque esta vivienda situada frente al mar en Cerdeña demuestra que un color tan intenso como el rojo puede convivir perfectamente con una atmósfera tranquila, serena y profundamente mediterránea.

La casa pertenece a la arquitecta e interiorista italiana Valentina Andriulli, que encontró en Porto Pollo, al norte de Cerdeña, el refugio perfecto para desconectar de la vida urbana. Rodeada por el mar y expuesta al viento constante que caracteriza esta zona de la isla, la vivienda disfruta de unas vistas espectaculares donde el paisaje cambia continuamente entre verdes, azules y los tonos cálidos de la vegetación mediterránea.

Con 120 metros cuadrados y una gran conexión con el exterior, el proyecto se ha concebido para integrarse en el entorno. Un gran ventanal convierte el paisaje en parte de la decoración, mientras que los materiales elegidos refuerzan esa sensación de calma y autenticidad. Suelos continuos de resina, paredes revestidas con yeso texturizado y una presencia constante de la madera de roble crean una base neutra, cálida y muy acogedora.

Sin embargo, lo que realmente hace especial esta casa es la aparición inesperada del rojo coral. En lugar de utilizarlo de forma puntual, la arquitecta lo incorpora como un hilo conductor que atraviesa distintos espacios y piezas de mobiliario. Lejos de resultar estridente, aporta energía y personalidad a un interior dominado por tonos suaves y materiales naturales.

La elección no es casual. El rojo forma parte de la tradición artesanal sarda y aparece con frecuencia en tejidos, bordados, alfombras y piezas decorativas de la isla. Aquí se reinterpreta en clave contemporánea a través de muebles recuperados, puertas lacadas, armarios a medida y algunas piezas icónicas de diseño que se convierten en auténticos puntos focales.

El salón resume perfectamente esta filosofía. La cocina de roble se integra de forma discreta en la arquitectura, mientras una antigua mesa restaurada y pintada en rojo aporta carácter al conjunto. Todo convive con textiles artesanales y obras inspiradas en la cultura local, creando un equilibrio muy interesante entre tradición y diseño actual.

La zona de noche mantiene la misma coherencia estética. Los dormitorios apuestan por soluciones a medida, materiales naturales y una paleta cromática que continúa la historia iniciada en las zonas comunes. El ratán trenzado, la madera lacada en tonos terracota y los tejidos con textura aportan profundidad sin necesidad de recargar los espacios.

Mención especial merece la terraza, probablemente el rincón más atractivo de toda la vivienda. Construida con elementos típicos de la arquitectura sarda, combina muros de piedra, pérgolas de madera y cañizo, bancos de obra y mobiliario realizado artesanalmente. Un espacio pensado para disfrutar del paisaje y de la vida al aire libre durante gran parte del año.

Lo que más me gusta de esta casa es precisamente esa capacidad de sorprender. A primera vista, el protagonismo del rojo parece incompatible con la serenidad que buscamos en una vivienda junto al mar. Sin embargo, aquí sucede justo lo contrario. El color aporta alegría y personalidad sin romper la calma general del conjunto. Una demostración más de que, cuando el diseño está bien pensado, incluso las decisiones más atrevidas pueden resultar naturales.

Imágenes: Stefano Ferrando – Vetroblu para Revista AD

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