Ikea total look…

Si lleváis tiempo siguiéndome sabréis que soy muy insistente con la personalización de las casas, con hacerlas tuyas, buscar objetos con carácter (lo que no tiene por qué significar que sean caros), pueden venir de un mercadillo, de un anticuario, un viaje,… son estas piezas las que harán que tu casa sea un hogar, lleven tu sello, tu alma y por tanto te sientas a gusto en cuanto entres en ella.

Entiendo porque soy la primera que me pasa, que es fácil transmitiros una manera de consumo diferente a la que solemos estar acostumbrados, las redes pueden ser bastante frustrantes y quizás aunque yo os enseñe infinitas firmas, acabamos siempre en lo conocido, básicamente porque es lo que nos podemos permitir y por qué no decirlo, también es mono. Pero hoy vengo a demostrar que hay una gran diferencia cuando intentamos copiar lo que vemos en la redes y acabamos teniendo la casa del vecino, sin gracia, sin personalidad, sin alma (más que nada porque no has aportado nada tuyo), o ves una casa cien por cien Ikea decorada por una interiorista de esta misma firma, en este caso por María Lizarraga y ahí, la cosa cambia.

Esta vivienda situada en Comillas, está íntegramente decorada con muebles de la famosa firma sueca, con muy buen gusto y con algunos pequeños cambios que ella misma ha realizado sobre alguna pieza (como pintar un ribete negro en la vitrina de la cocina para hacer un guiño al también negro, de la chimenea del salón).

Cuenta que la casa tenía forma de granero americano, 190 metros cuadrados para dar rienda suelta a su imaginación. Con una zona de porche exterior que amuebló con sofás y mesa de centro modelo Bondholmen, los clásicos pufs Alseda y alfombras de fibras Lohals. A continuación situó la zona de comedor de la misma colección que la de estar. Todo ello completado con textiles de @ikeaspain.

Apostó por una vivienda abierta al exterior, quería captar toda la luz posible. Así, el blanco fue el protagonista. En el salón coloco dos sofás enfrentados modelo Vimle, con mesa auxiliar Lubban y como mesa de centro, dos bancos Stockholm. La mecedora es la butaca Grönadal. El cuadro sobre el sofá, del artista Carlos Arriaga. La luminosidad del salón se ha conseguido gracias a una paleta de color en tonos blanco, tierras y grises, a la que la interiorista ha añadido estratégicamente puntos de interés en negro, como la chimenea, la lámpara de pie Ranarp del salón, o como mencionaba antes, los ribetes pintados por ella mima en la vitrina Hennes.

La cocina es sencilla pero con mucha capacidad de almacenaje, es el modelo Enhet con encimera Ekbacken, laminada en color fresno. En el centro, se sitúa el comedor, con sillas y alfombra de fibra que acentúan su apariencia campestre.

El dormitorio se encuentra en la parte superior de la vivienda, está abuhardillado con vigas vistas, lo que le da un aire de cabaña. Junto con el blanco predominante en toda la casa, se ha decorado en rosa empolvado (tanto la ropa de cama como la butaca Vedbo a los pies de esta), un tono romántico y que transmite calma para dormir. En la parte más baja se ha aprovechado para poner una zona de armarios, completando el almacenaje con la cómoda Hauga.

En el baño se respira limpieza y frescor. Aquí se ha salido un poco del mundo Ikea, con un bonito y original mueble realizado a medida y griferías de Roca. Las toallas y el taburete son antiguos.

Hasta aquí la vivienda, que como os decía y a pesar de ser cien por cien Ikea, tiene un encanto especial. Y no penséis por mis palabras que soy una «hater» de la firma sueca, que no es así, de lo que huyo es de las casas que son calcos unas de otras, pero como veis se puede recurrir a firmas económicas siendo original y teniendo clase. ¿Qué opináis sobre esto?

Imagenes: El Mueble

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Nuestra escapada de fin de semana

A falta de grandes viajes, de vez en cuando es bueno hacerse una escapada de fin de semana. Hemos encontrado la excusa perfecta para ello: las carreras. Mi marido es un crack en esto del trail (correr por montaña) y a mí me ha arrastrado también, obviamente no hacemos las mismas distancias pero compartir aficiones con tu pareja es un lujo.

Esta vez nos fuimos a Cantabria, mi marido participaba en Los 10.000 del Soplao o lo que es lo mismo «el infierno cántabro«, como lo llaman. Me tocó ir de acompañante porque la distancia más corta que había era la carrera que hizo él, 48 km, ahí es nada (igual al ritmo que voy dentro de cinco años soy capaz de correr con él, de momento me conformo con mucho menos). Si os interesa el deporte pinchad en el enlace porque no sólo hay carreras a pie, también de bicis (más de 100 km), andarines (50 km), rutas adaptadas, ultramaratón, etc. o mejor aún, podéis ver el vídeo de la carrera hecho y narrado por mi marido (pinchad aquí para verlo y si os interesa el mundillo del trail podéis suscribiros a su canal). La verdad es que merece la pena ir aunque sólo sea por ver el ambientazo que hay y ya que estás en Cabezón de la Sal (desde donde sale la carrera), aprovechar para hacer turismo por los maravillosos pueblos de la zona.

Nosotros nos alojamos a 30 minutos de Cabezón de la Sal, en La Casona de Hermosa pueblo que da nombre a este pequeño hotel. La casona está regentada por unos amigos nuestros Rodrigo y Noelia, que hicieron de perfectos anfitriones. Se encuentra junto al pueblo de Liérganes que ha sido catalogado recientemente como uno de los pueblos más bonitos de España y al sur de la bahía de Santander.

La edificación del Siglo XVIII fue residencia de un indiano y su familia a su regreso de Cuba. Es una casona típicamente montañesa, totalmente restaurada y con todas las comodidades que puedas imaginar. El lugar está lleno de antigüedades, colecciones singulares (como una vitrina llena de moldes antiguos de bizcochos), obras de arte que decoran tanto el jardín como los interiores (esculturas y cuadros firmados por Pedro y Ramón Calderón).

En la planta baja tras pasar el recibidor que preside un piano y una chimenea de doble cara, encontramos el comedor con vistas al jardín. Una coqueta zona donde degustar los increíbles desayunos (Rodrigo y Noelia sólo utilizan productos cántabros, no sabréis qué elegir, quesos típicos de la zona, sobaos, distintos panes de elaboración artesanal, etc. un placer para los sentidos, y el estómago claro :-)) En los pisos superiores, 9 habitaciones amplias y decoradas con mimo desde donde se disfrutan las verdes vistas del campo cántabro.

Nosotros nos alojamos en la suite (la habitación rosa). Yo que soy delicada de espalda y cuello, no tengo palabras para describir lo confortables que son las camas, las almohadas de lo mejor que he probado, a pesar de haberme levantado el sábado a las cinco y media de la madrugada para ir a la carrera, descansé como un bebé. El resto de la habitación era para llevársela tal cuál a casa, el tocador y el armario antiguo, las puertas, el papel de flores,… totalmente acogedor.

Las primeras fotos las hice yo, esta vez no han quedado tan mal a pesar de hacerlas con el móvil. Las últimas también son personales, salimos mi marido y yo en la playa de Somo donde comimos el domingo y otras dos imágenes en el pueblo de Liérganes, una de ellas con «El hombre pez» (aquí podéis conocer la curiosa historia de este hombre).

En resumen, esta vez hablo con conocimiento de causa, os recomiendo La Casona de Hermosa por varios motivos, el primero sus propietarios (no encontraréis otros anfitriones que os mimen más), lo segundo por la casona en sí (comodidad, antigüedades, colecciones,… ah! y por supuesto los desayunos) y por último porque está en un lugar privilegiado (Santander, Comillas, Santillana del Mar, Liérganes, Santoña, San Vicente de la Barquera, el parque natural de Cabárceno,… todo a tiro de piedra).

Nosotros ya hemos decidido volver unos días este verano :-)

Playa de Somo

En Liéganes con el hombre Pez

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