A por el 2024…

Un año más ¿quizás nuevos propósitos? Pues depende de cada uno, la mayoría seguro que los tenéis, yo antes también los hacía pero llegó un momento en mi vida que descubrí que por muchos planes que hacía no todo estaba bajo mi control y a mí, que soy de cabeza cuadriculada, me causaba mucha frustración. Desde entonces, no es que no me plantee metas o no tenga ilusiones, pero más bien me dejo fluir y voy día a día. Empiezo el año con un proyecto de decoración, después de un trabajo que en realidad comenzó el año pasado y que ya sabéis, te piden una habitación y luego siempre quieren más. En ello pongo mi foco ahora mismo, además de en mi blog, después, Dios dirá.

Comenzamos con una preciosa casa en la Sierra de Guadarrama, Madrid, diseño de la interiorista María del Valle. Los propietarios habían contratado un arquitecto y una constructora para levantar desde cero esta vivienda de unos 350 metros cuadrados, pero les faltaba el proyecto de diseño interior para el que llamaron a la interiorista. Desde la distribución de los espacios para su posterior construcción, pasando por la iluminación, a la elección del mobiliario, el estilismo y toda la carpintería a medida que lleva la vivienda es obra de María.

Las vistas a la sierra fueron la inspiración para crear una casa donde predominaran los espacios abiertos y diáfanos, para conectar exterior e interior. El salón, además, cuenta con doble altura, lo que permite crear una sensación de mayor amplitud. En la parte baja se sitúan las zonas comunes, el salón, comedor y cocina comparten un mismo espacio y los pocos elementos divisorios son muy livianos, como la palillería que oculta la entrada o la puerta corredera de la cocina de acero y cristal.

En la parte superior encontramos primero un pasillo – mirador desde el que se puede ver el salón. Tanto en el pasillo como en el salón, la interiorista diseñó sendas librerías a medida para albergar libros, arte y pequeños objetos decorativos. Arriba, se encuentran también los dormitorios con sus correspondientes baños.

Volviendo a la planta baja, ya sabéis quién es la protagonista ¿verdad? Esa preciosa chimenea, de Chimeneas Barja, enmarcada en la librería hecha a medida por la interiorista. La clave, la combinación de los materiales, el acero y la madera siempre fueron un combo muy bien avenido. Y para volverse loco también, es la cocina en tono verde laurel en contraste con madera de roble natural, realizada por Davinia Cocinas (Pinchando en el enlace tenéis todos los detalles sobre esta maravillosa cocina). Me gusta también cómo se enfatiza el entorno exterior con elementos como la mesa de comedor, de la firma Noddum, realizan piezas a medida y en esta ocasión, la base de la mesa está hecha de manera que muestra las irregularidades e imperfecciones propias de la madera.

Como veis la paleta cromática utilizada también hace referencia a los colores del campo, en referencia a la situación de la vivienda (la sierra de Guadarrama), de ahí la utilización de colores verdes, tierras, ocres o tejas, tanto en el piso inferior como en el superior. Arriba, los dormitorios se visten con ropa de cama de Zara y Mango Home. En el principal, la interiorista vuelve a hacer gala de sus diseños en temas de ebanistería, con una preciosa cómoda de pared a pared bajo la cristalera que asoma al salón. A los pies de la cama, encontramos una estantería baja de Zara Home. Cada dormitorio tiene su propio baño con sanitarios de Roca y revestimientos de Azulejos Peña.

Y siendo un chalet en la sierra, no podemos olvidar el exterior. Una parcela de mil metros alberga un gran jardín con piscina y un bonito porche desde donde contemplar las vistas.

Nada mal para empezar el año ¿No os resulta la casa perfecta para todas las estaciones del año?

Imágenes: Caballero Fotografía para Elle Decoración  y web: María del Valle

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Estudio Do.Dark

Que una casa no tenga una gran antigüedad, no significa que no necesite una puesta a punto e incluso una reforma integral. Puede que su distribución ya no se adapte a tus necesidades, o que los materiales con la que fue construida en su día sean deficientes en cuanto a aislamiento u otras prestaciones, y por supuesto, el paso de los años habrá hecho mella también en el deterioro de instalaciones. A esta vivienda en Madrid de 350 metros cuadrados, se le sometió a una reforma integral para, por un lado, abrir los espacios que estaban muy compartimentados, por otra parte, conectar más las casa con el jardín ¿Quién quiere un jardín si luego no haces uso de él? y se le dio la vuelta a la distribución buscando una manera más lógica y funcional de que todo fluyera, sobre todo la luz.

Uno de los propósitos clave de los propietarios, era lucir su colección de arte y de piezas especiales de mobiliario, que es justo lo que ha llamado mi atención. De todo esto se ha encargado el estudio Do. Dark.

Ahora, desde el recibidor se pueden ver todos los espacios conectados. Por un lado, de frente se divisa el jardín y a ambos lados del recibidor, un salón con chimenea y un gran comedor que, aunque parezcan independientes, se pueden cerrar a demanda mediante puertas correderas. Tras el sofá encontramos una gran librería, diseño del estudio, que a su vez oculta la escalera que lleva al segundo piso. En ella albergan su gran colección de libros, así como piezas de arte a las que le tienen mucho cariño, como la talla religiosa.

El estudio consiguió también que la luz campara a sus anchas derribando tabiques, realizando un cerramiento de cristal para la cocina y colocando un par de ventanas Velux en el tejado.

En estas estancias llaman mucho la atención ciertas piezas como el perchero de la entrada, adquirido en la feria Almoneda, o las butacas de los años 70 azul y roja del salón, aunque no lo creáis se encontraron en la basura y se retapizaron con terciopelos de Gancedo dándoles una nueva vida y cuyos colores, siguen el ritmo de la obra de arte que les acompaña, de Luis Fernando Martín de los Santos. Como ritmo también le dan a las mesitas blancas de centro, los jarrones de colores de Anthropologie.

En el comedor encontramos una gran mesa blanca hecha a medida por el estudio acompañada por las conocidas sillas Wishbone que le dan calidez, la alfombra es de BSB y el espejo de Asitrade. Les acompaña una obra XXL de Blanca Orozco.

Desde comedor por el pasillo, se accede a la cocina, muy minimalista. Como decía antes, un cerramiento de hierro y cristal se encarga de que la luz siga fluyendo. El suelo de gres de gran formato es de Azulejos Peña. Los muebles son lacados y la encimera es de Silestone Blanco Zeus. Las lámparas no me van mucho, son en Westwing, yo hubiera metido algo que le diera calidez a la cocina o quizás color (como el resto de la casa), todo tan blanco y plateado me resulta un poco «cocina laboratorio».

El dormitorio sobrio, sin más. Lo que más me gusta es la silla Tulip, porque donde esté un clásico… Los taburetes también tienen su gracia, me ha sorprendido saber que son de Ikea.

Y por último el baño, que me resulta un tanto frío, como la cocina. Mismo suelo de Azulejos Peña y una ducha con mampara de cristal traslúcido que preserva la intimidad, pero todo blanco y sin notas cálidas. No es mi estilo, pero sobre gustos…

Sin duda alguna de esta casa me quedo con el salón, comedor y entrada por el impacto del arte y el mobiliario, que claramente llaman mucho la atención. ¿Qué opináis?

Imágenes: Montse Garriga Para: Elle Decor 

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Un proyecto de Erico Navazo

No me equivoco si afirmo que Erico Navazo es uno de los interioristas más reconocidos dentro y fuera de nuestras fronteras, también está entre mis favoritos y el de tantos otros. Sabe como nadie conjugar lo clásico poniendo su sello moderno. Más allá de lo pretencioso, busca la calma, el equilibrio, lo natural, lo sereno y «lo español», ya que siente debilidad por los muebles con historia y los oficios de toda la vida.

Aún no he subido a Instagram el espacio ejecutado este año por Erico Navazo para Casa Decor, fue el primero que vi ya que empecé la exposición desde el último piso y fui bajando, fue todo un acierto porque pudimos disfrutarlo sin gente y como cada año, no me defraudó ni un poquito.

Y vamos con el proyecto de hoy, se trata de un piso en Madrid que como tantos de los años sesenta, estaba muy compartimentado. Lo primero fue abrir los espacios así, el recibidor, el salón, el comedor y la cocina (esta última separada, aunque integrada a su vez por una cristalera), ahora comparten un mismo espacio dejando que fluya la luz.

Para dar un aspecto más moderno, se jugó también con los acabados o la propia estructura de la vivienda. Se quitaron los falsos techos para ganar altura y se dejaron a la vista los conductos del aire acondicionado, los pilares de hormigón también quedaron a la vista, todo ello se revistió con un acabado a la cal. Los suelos son de madera de pino en un tono muy clarito que casi se funde con el color de las paredes, hace que el espacio te envuelva y se vea relajante.

Respecto a la decoración muchas de las piezas son del estudio del interiorista, otras las proporcionaron los clientes y el resto fueron compradas o diseñadas a medida.

Bajo una paleta neutra, encontramos toques de color que dinamizan el conjunto. La bonita butaca de madera del salón es de Tado, en el suelo alfombra de Zigler. En la segunda imagen, destaca la alfombra marroquí de lana y rafia comprada en el rastro madrileño, sus tonos rojizos hacen que el resto de los muebles, de colores neutros y las paredes, destaquen.

En ese mismo espacio, luce una mesa plegable del Siglo XIX con jarrones de la antigua República Federal Alemana, adquiridas en el estudio. Lo que pensaba que era un original cuadro, ha resultado ser un altavoz circular de Bang & Olufsen (se nota que me queda mucho por aprender de estos aparatos electrónicos). La mesita baja rectangular de corte mid-century, se adquirió en Restelo.

La cocina es una de las zonas que más me ha impactado. Tras el cerramiento, encontramos un comedor, con una mesa del Siglo XVIII también de Restelo y sillas tipo shaker de Vintage 4P y La Brocanterie, jugando con varios colores. Contrastan con los muebles, diseño de Erico Navazo, realizados con placas porcelánicas de Techlam, un revestimiento ultrafino de la firma Levantina, que tiene múltiples aplicaciones. Con este mismo material se hizo también la encimera. Me gusta muchísimo cómo han quedado los muebles, diría que se funden con el resto de las paredes de la vivienda.

En el dormitorio la simplicidad sigue siendo la tónica. Se prescinde del cabecero, el toque de color lo pone la manta étnica procedente del estudio de Erico Navazo y el cuadro que se hizo con un antiguo papel pintado (de Restelo). La silla de enea también es de la misma tienda. Las míticas lámparas Jieldé son de Años Luz.

En el baño el protagonista es el mueble del lavabo, diseño del estudio. Se realizó con patas de hierro que llevan una pátina oxidada y sostienen dos grandes lavabos de granito. La grifería encastrada en la pared es de la firma Cristina, adquirida en Azulejos Peña y la descalzadora, al igual que la que hay en el salón, es una pieza familiar tapizada con un lino antiguo húngaro.

En el dormitorio infantil a pesar de tener literas y una cama extra, lejos de parecer un espacio pequeño, ha quedado perfectamente integrado, pintando las camas del mismo color que las paredes, los edredones de Nordic Elements, tampoco llevan demasiado color, de tal forma que la habitación se ve ligera.

¿Qué os parece la vivienda? ¿Qué estilo diríais que tiene? Para mí es una mezcla perfecta entre calma, pequeños toques de color, guiños industriales mezclado con antigüedades, y en conjunto la veo wabi sabi ¿qué locura, no? Adoro todo lo que este hombre me transmite con sus espacios, en una palabra es un CRACK.

Fotografía: Asier Rua para Elle Decor

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