En terracota…

Quizás pensabais que os iba a bombardear con ofertas del Black Friday, pero nada más lejos de la realidad. Siendo afiliada en Amazon, Kave Home o Westwing entre otros, podría hacer un poco el agosto, pero sinceramente no me sale hacer un post lleno de gangas que quizás no lo sean tanto, para llevarme una pequeña comisión y saturaros con más publicidad, bastante tenemos con la que nos tragamos diariamente, también os digo que una tiene que comer y que si queréis hacer alguna compra a través de mis links, es de agradecer, faltaría más.

Yo es que cada vez soy menos consumista (si es que alguna vez lo fui) y según pasan los años se me hace más bola estas fechas, lo de tener que comprar por comprar no lo llevo nada bien. La batería de mi espíritu navideño está a niveles realmente bajos. De ahí que yo siga a lo mío, con mis casas bonitas que me hacen soñar.

No es la primera vez que os enseño un proyecto de Chelsea Hing y quizás tampoco sea la última. Me gusta cómo toma de referencia los entornos para crear las paletas de color. En este caso el tono terracota del suelo exterior, es el que marca el color predominante en los interiores, pero también hay reflejo de los grises de los eucaliptos, o de los verdes de las vides y de la corteza ennegrecida de los árboles, con esas premisas ya tenía un esquema cromático sobre el que basaría este proyecto. Para ello, además del tono de las paredes, introdujo materiales como el cuero marrón, la pizarra, el cedro y otras maderas o el yeso pulido.

La planta baja se organiza en torno a una cocina de concepto abierto. Sencilla, aunque con toques elegantes, como los apliques dorados que contrastan muy bien con el color terracota. En el frente no se han colocado armarios altos lo que deja el espacio visualmente más despejado, así como más integrado en el salón, que cuenta con un gran comedor y a continuación zona de estar.

La planta superior se extendió permitiendo así, crear en ese primer piso, una suite de invitados y en la planta inferior un gran porche contiguo al salón desde donde contemplar las vistas a la naturaleza, las montañas y los viñedos. En la primera planta sin duda destaca el baño, el color terracota lo hace muy cálido y acogedor aportando un plus, el techo de lamas de cedro y el mobiliario de madera, el punto elegante y sofisticado lo aportan los toques de latón en espejo, grifería y apliques, y la guinda del pastel se la da la piedra negra de la bañera y el lavabo. Sin duda el baño, no puede ser más bonito.

Cuando una casa tiene carácter necesita pocos complementos para obtener un efecto WoW, mirad la entrada, ha sido suficiente con un cuadro XXL para llenar el espacio. Tiene truco claro, se puede decir que la propia carpintería de la puerta y sus tiradores, ya roban bastante protagonismo. Por la parte exterior pasa igual, tres esculturas de madera tipo tótems se encargan de dar la bienvenida, la bonita puerta hace el resto.

Confieso que nunca he sido mucho de color terracota, pero últimamente y a base de verlo, cada vez me gusta más. Transmite una sensación envolvente que me da mucha paz. Quizás yo sería más comedida en su uso, no lo podría en una casa entera, pero me lo podría plantear quizás para una habitación, o para resaltar una pared, o sólo hasta la mitad de pared y la parte superior en blanco, o a lo mejor empezar con textiles para no arriesgar. ¿Qué opináis de este color, os gusta?

Imágenes: Sean Fennessy para Elle Decor

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Piso en Madrid de Luisa Olazábal

El 90% de la población hoy día, no invierte en mobiliario pensando en que le durará toda la vida, como lo hacían nuestros padres o abuelos, ya sea porque quizás la inversión es grande, o porque tal y como el mundo gira en estos momentos, hoy estamos aquí y mañana allá, así que la mayoría optan por amueblar sus casas con piezas más económicas y con fecha de caducidad. No estoy a favor ni en contra de lo uno o de lo otro, cada uno hace lo que puede con sus circunstancias. He visto casas maravillosas enteramente amuebladas con piezas de tiendas low cost, como Ikea, y otras bellísimas repletas de arte, antigüedades y piezas emblemáticas.

La casa que os enseño hoy va más por la segunda vertiente, es un proyecto de Luisa Olazábal de un piso en Madrid donde se ha buscado la excelencia, con acabados de alta calidad y piezas de su propio estudio o de diseñadores clave. Un piso para toda la vida.

En el salón destaca una bonita combinación de butacas. A la izquierda encontramos un gran sillón de B&B Italia al que le acompaña una clásica butaca de la firma Axel, tapizada en lino de Gancedo y dos sillones daneses con tela de Nobilis, todos ellos rodean una contundente y escultural mesa de Olga Copado. La interiorista se atreve también a añadir un marco español del Siglo XVII que no necesita cuadro en su interior ya que decora por sí solo.

Bajo un predominante espacio neutro, se introducen toques de color, como los veladores rojos de hierro del anticuario Miguel Arcas, o las lámparas de Original BTC, también el sofá de terciopelo azul. Rompe además la calma, el muro que da profundidad a la zona de estar, con un intenso verde esmeralda. Puede independizarse del comedor a demanda gracias a unas puertas correderas que existen entre ambos espacios.

El comedor y el salón está dividido por un aparador de roble alistonado, diseño de Luisa Olazábal, como la lámpara tipo Sputnik que cuelga sobre la mesa de comedor. Mirando de frente, lo que más llama la atención son las carpinterías, diseño también del estudio, a través de las cuales se accede a la cocina. Si os fijáis bien son dobles, las más cercanas al comedor llevan cuarterones de cristal, pero las de la cocina los llevan de espejo, lo que produce un interesante efecto visual. En medio de ambas cristaleras, encontramos dos sillas de jardín adquiridas en Cotanda Antigüedades.

En el centro de la cocina se ha dispuesto una zona para comer con una mesa de chapa, diseño de la interiorista, y sillas de House Doctor. En este espacio contrasta el estilo contemporáneo de la propia cocina, de líneas rectas, encimera de Neolith, grifería en negro de Blanco (todo diseño de Gunni & Trentino), con los complementos decorativos como un espejo de Carlos IV de Le Secret o una bandeja de níquel, ambos procedentes del estudio de Luisa Olazábal.

En el dormitorio se ha introducido más color mediante los textiles, que son los protagonistas. La pared del cabecero está enmarcada con un papel japonés de Phillip Jeffries, sobre la cama almohadones de Gastón y Daniela y plaid Rue Vintage 74. La alfombra es de KP. Y por último, llegamos al precioso baño, totalmente enamorada de este espacio. Con sus azulejos dispuestos en espiga, como marco para un mueble de roble ebonizado hecho a medida, con sobre de mármol negro Marquina. Los apliques y el espejo van a juego y son del estudio de la interiorista. Grifería de Ramón Soler.

La luz, el uso del color (pinceladas alegres sobre un fondo neutro), el acierto de las piezas, la belleza de las carpinterías,…sin duda alguna un proyecto de Luisa Olazábal que seguro, sobrevivirá al paso del tiempo y a las modas. ¡Me encanta!

Fotografía: Pablo Sarabia para Elle Decor

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Estudio Do.Dark

Que una casa no tenga una gran antigüedad, no significa que no necesite una puesta a punto e incluso una reforma integral. Puede que su distribución ya no se adapte a tus necesidades, o que los materiales con la que fue construida en su día sean deficientes en cuanto a aislamiento u otras prestaciones, y por supuesto, el paso de los años habrá hecho mella también en el deterioro de instalaciones. A esta vivienda en Madrid de 350 metros cuadrados, se le sometió a una reforma integral para, por un lado, abrir los espacios que estaban muy compartimentados, por otra parte, conectar más las casa con el jardín ¿Quién quiere un jardín si luego no haces uso de él? y se le dio la vuelta a la distribución buscando una manera más lógica y funcional de que todo fluyera, sobre todo la luz.

Uno de los propósitos clave de los propietarios, era lucir su colección de arte y de piezas especiales de mobiliario, que es justo lo que ha llamado mi atención. De todo esto se ha encargado el estudio Do. Dark.

Ahora, desde el recibidor se pueden ver todos los espacios conectados. Por un lado, de frente se divisa el jardín y a ambos lados del recibidor, un salón con chimenea y un gran comedor que, aunque parezcan independientes, se pueden cerrar a demanda mediante puertas correderas. Tras el sofá encontramos una gran librería, diseño del estudio, que a su vez oculta la escalera que lleva al segundo piso. En ella albergan su gran colección de libros, así como piezas de arte a las que le tienen mucho cariño, como la talla religiosa.

El estudio consiguió también que la luz campara a sus anchas derribando tabiques, realizando un cerramiento de cristal para la cocina y colocando un par de ventanas Velux en el tejado.

En estas estancias llaman mucho la atención ciertas piezas como el perchero de la entrada, adquirido en la feria Almoneda, o las butacas de los años 70 azul y roja del salón, aunque no lo creáis se encontraron en la basura y se retapizaron con terciopelos de Gancedo dándoles una nueva vida y cuyos colores, siguen el ritmo de la obra de arte que les acompaña, de Luis Fernando Martín de los Santos. Como ritmo también le dan a las mesitas blancas de centro, los jarrones de colores de Anthropologie.

En el comedor encontramos una gran mesa blanca hecha a medida por el estudio acompañada por las conocidas sillas Wishbone que le dan calidez, la alfombra es de BSB y el espejo de Asitrade. Les acompaña una obra XXL de Blanca Orozco.

Desde comedor por el pasillo, se accede a la cocina, muy minimalista. Como decía antes, un cerramiento de hierro y cristal se encarga de que la luz siga fluyendo. El suelo de gres de gran formato es de Azulejos Peña. Los muebles son lacados y la encimera es de Silestone Blanco Zeus. Las lámparas no me van mucho, son en Westwing, yo hubiera metido algo que le diera calidez a la cocina o quizás color (como el resto de la casa), todo tan blanco y plateado me resulta un poco «cocina laboratorio».

El dormitorio sobrio, sin más. Lo que más me gusta es la silla Tulip, porque donde esté un clásico… Los taburetes también tienen su gracia, me ha sorprendido saber que son de Ikea.

Y por último el baño, que me resulta un tanto frío, como la cocina. Mismo suelo de Azulejos Peña y una ducha con mampara de cristal traslúcido que preserva la intimidad, pero todo blanco y sin notas cálidas. No es mi estilo, pero sobre gustos…

Sin duda alguna de esta casa me quedo con el salón, comedor y entrada por el impacto del arte y el mobiliario, que claramente llaman mucho la atención. ¿Qué opináis?

Imágenes: Montse Garriga Para: Elle Decor 

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Estudio Poeira

Este es mi último post del verano, ya no doy para más. Tengo los sesos como el clima, abrasados. A un año especialmente duro, se junta este calor abrasador y un cansancio extremo que se ha apoderado de mí, siento que no soy persona, cuento los días para que lleguen las vacaciones. Estoy especialmente ilusionada con el final de éstas, no porque quiero que se acaben, pero ese final será como la guinda del pastel. Me iré unos días con mi mejor amiga a Cascáis y Lisboa, un viaje que llevamos siglos planeando hacer y nunca se daba la ocasión, nos vamos en unas circunstancias muy distintas a las que jamás hubiéramos imaginado, pero las cosas vienen como vienen y hay que coger las oportunidades al vuelo, así que allí nos vamos, mano a mano.

Precisamente la casa que os traigo hoy está en Portugal, más concretamente en la localidad de Palmela, muy cerca de Lisboa. Es un proyecto de la interiorista Mónica Penaguião, propietaria del estudio y tiendas Poeira. La construcción, de procedencia agrícola, mantuvo su esencia gracias al encalado de las paredes, a sus maderas pintadas, al blanco en paredes y techos que potencian la claridad junto con los espacios poco compartimentados y a la presencia de un único pavimento que lo unifica todo, el cemento pulido.

En el interior, sorprende cómo la interiorista consiguió mezclar un continente tan básico con firmas vanguardistas como Flos, Capellini o Marcell Wanders, con otras de almoneda, industriales, sillas recicladas de Piet Hein Eek, tejidos étnicos o productos artesanales de fibras naturales, una combinación que convive en perfecta armonía. Su tienda Poeira, que distribuye prestigiosas firmas internacionales, hace que todo ello sea posible.

La alfombra y el sofá, con terciopelo de Designers Guild, proceden de su tienda y las mesitas son el modelo Gong de Capellini. La lámpara del salón es de Flos. El divertido mueble auxiliar rojo, que sirve de apoyo al sofá, es de Fornasetti. Destacan los detalles industriales como la lámpara articulada Jieldé y el armario de hierro.

También se utiliza el arte como elemento de contraste, como la obra que reposa en el suelo, de la artista brasileña Isabelle Tuchband, en tonos fucsias y amarillo que rompe que con el blanco que impera a su alrededor. Junto al cuadro, una butaca recuperada del holandés Piet Hein Eek.

En el comedor aún se ha jugado más a los contrastes. La mesa es una creación de la interiorista, en madera lacada en negro. Le acompañan unas Wishbone de Carl Hansen y para darles servicio, un aparador de metal pintado que porta una gran lámpara verde de Marcel Wanders para la firma Capellini, el punto de calidez se lo dan dos taburetes de fibra comprados en la zona del Alentejo.

La cocina es sencilla, se conservó el viejo horno de leña y el gran fregadero de piedra que se montó sobre una estructura de hierro. Para dar un poco de apoyo a la cocina, un pequeño mueble auxiliar (también de hierro) hace las veces de mini isla con estantes.

En el dormitorio se mezclan tejidos de diseño, como la colcha de Elitis, con cojines estampados de Etro o Neisha Crosland y otros comprados en Turquía. Las mesillas nido son de Capellini.

El baño, como el resto de la casa sigue siendo de hormigón, excepto la pared de la ducha a la que se le ha puesto un decorativo azulejo amarillo de la firma Bicesse. Muy llamativo también resulta la roca natural que separa la ducha del lavabo y que se ha pintado como el resto del baño para integrarla, hace las veces de mampara.

En el exterior también encontramos un gran porche con una zona de estar. Las colchonetas de la bancada de obra llevan cojines vestidos con tejidos turcos y el kilim es una pieza antigua, le acompañan un par de sillas Tolix. Bajo la sombra de un árbol encontramos la zona de comedor, con mantelería de Poeira, vajilla de Bordallo Pinheiro, copas de Kenzo Maison y preciosas sillas del diseñador Piet Hein Eek.

No puede faltar una piscina y a su vera, una pérgola de madera encalada y cañizo. Bajo ella, dos tumbonas de origen indio. El hormigón llega hasta el vaso de la piscina, aunque se mezcla con algo de madera en su lateral, siguiendo así, el esquema general de toda la casa.

Está claro que mi amiga Ana y yo no iremos a un sitio tan espectacular, tampoco lo necesitamos, aunque os enseñaré por redes nuestras andaduras, espero que nos acompañéis. Lo tenemos todo planeado…

¡Feliz verano!

Imágenes: Montse Garriga para Elle Decor

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Con factor sorpresa…

Me gusta cuando las cosas no son lo que parecen. Si encuentras una edificación de estas dimensiones lo primero que piensas es que ante ti debes tener, cuanto menos, un casoplón. Nada más lejos de la realidad, al menos en este caso. A pesar de que la propiedad completa sí supera los quinientos metros cuadrados, la realidad es que por dentro, tan sólo hay un apartamento donde conviven salón comedor, cocina y en un nivel superior, el dormitorio y el baño. El resto del edificio está destinado a usos sociales.

El proyecto fue realizado por el estudio de arquitectura Barlis Wedlick en colaboración con su propietario Ian Hague. Lo primero que hicieron fue transportar la estructura de este granero, situado a dos horas de Nueva York, desde una localidad cercana habiéndole aplicado la técnica japonesa ‘shou-sugi-ban’, que consiste en carbonizar la madera (en este caso de cedro) para aportar una mayor protección a la misma, esa característica textura y por supuesto el color negro ceniza.

Como curiosidad, en este gran granero podemos encontrar también la primera piscina natural del estado de Nueva York, además de una torre de cedro de tres pisos con sauna en su interior y una segunda planta con un gran porche, donde relajarse y disfrutar de las vistas.

¿Y por qué digo lo de «factor sorpresa» en el título? Realmente no me refería al tipo de construcción, aunque curiosa es, más bien hablaba del impacto visual que me ha causado la barandilla amarilla de las escaleras que comunican la zona de estar con el dormitorio. Es como el elemento discordante, que nada tiene que ver con el resto de la decoración sosegada y campestre, y que pone una nota de color vibrante en el espacio. ¡Me ha encantado!

Y al igual que esa barandilla amarilla, también ha llamado mi atención la figura decorativa que adorna la pared de la zona de lectura (sobre el aparador), no es el típico espejo, cuadro, o algo que pudiéramos esperar, de nuevo encontramos un elemento escultórico que no puede quedar más bonito y acorde para una zona de lectura.

Y por último, si miráis la granja desde fuera, tanto los marcos de las pequeñas ventanas como la gran luminaria que alumbra la fachada al exterior, están pintados de rojo. Realmente no sé si tiene algún significado o simplemente es una manera de destacarlas frente a todo ese cedro carbonizado. Sea cual fuera la intención, me parece una genialidad.

¿Qué opináis de la granja? Yo me conformo con el apartamento, ni siquiera me molesta el amarillo de la barandilla y eso que soy clásica, pero aquí el efecto me parece sorprendente. El que sea tan grande el granero, su sentido tendrá y visto desde fuera, bonito es un rato, pero tan solo la zona de vivienda ya me ha enamorado.

Y sobre todo me quedo con las ideas, los toques tan acertados de color. Pensad en este ejemplo, si queréis resaltar uno o varios elementos en una decoración neutra, por arriesgado que sea el color, seguro que funciona bien. Y de la utilización del arte como punto focal supongo que no hace falta hablar, eso siempre es una apuesta segura.

Imágenes: Brian Ferry para Elle Decor / Barlis Wedlick

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En El Puerto de Santa María

¿Sois de campo o de mar? Yo siempre digo que mi medio natural es el agua y que en otra vida debí ser pez, quizás sea porque soy Cáncer, no sé. Sabéis que adoro la naturaleza y tengo la suerte de poder disfrutar de ella cada día. Vivo a las afueras de Madrid con lo que tengo el campo a dos pasos de casa y mi segunda residencia está literalmente, metida entre pinares. Pero también necesito mi dosis de mar al menos una vez al año, porque adentrarme en «mi medio», o sencillamente sentarme en la orilla y mirar al infinito, o lo que es mejor, caminar por la playa, me hace desconectar y cargar pilas, esas que ahora tengo bajo mínimos.

Como veis las casas de verano me susurran al oído, igual que aquel hombre que susurraba a los caballos en la conocida película. Sólo puedo ver destinos que me inviten a hacer un parón. Hoy ha tocado El Puerto de Santa María, en Cádiz, sitio en el que ya he estado y tengo pendiente volver desde que se mudó allí mi prima. En realidad lo tendría bastante fácil.

Esta vivienda fue reformada por la interiorista Belén Ferrándiz y a petición de los propietarios quisieron emular la estética de las casas ibicencas (un capricho como otro cualquiera, porque aunque Ibiza es precioso, Cádiz igualmente lo es). La reforma fue integral para abrir los espacios, dejarlos amplios y despejados para poder ser compartidos con mayor facilidad entre familia y amigos. Así, en la planta baja, se han sustituido los tabiques por dos grandes cerramientos en hierro y cristal que permiten independizar o abrir las estancias a demanda. Pueden unir o separar el comedor de la zona de office, así como independizar la entrada y pasillo del salón, pero siempre manteniendo la comunicación visual. A ello también contribuye la paleta de colores donde el azul, es el hilo conductor (incluso en los cerramientos).

Para potenciar también la sensación de espacio continuo, se ha utilizado en toda la planta un mismo suelo. Se trata de un porcelánico de gran formato de Gunni & Trentino que imita caliza. Sin embargo, en los dormitorios se dejó la compartimentación existente, aunque se actualizaron tanto las áreas de dormir como el vestidor y los baños.

Respecto a la decoración, obviamente se buscaron referencias del estilo ibicenco, muchos de los muebles de hecho fueron comprados en la isla pitiusa. Como era de esperar las fibras vegetales, el yute, el cáñamo, el algodón, las maderas en tonos naturales, y los textiles, cobran mucho protagonismo. Estos últimos, los vemos incluso en el panelado de las puertas de los armarios, las alfombras tampoco pueden faltar tanto en el interior como en el exterior.

La entrada de la vivienda ya es una declaración de intenciones, se puede predecir lo que vendrá después. De ahí quiero destacar la maravillosa puerta india que han adaptado como corredera y que separa el salón del hall. En el salón vemos que el bambú es el protagonista, yo le he echado el ojo a las lámparas de azulejos portugueses con pantallas de Otherlamps. Como en la zona de estar, donde me llaman la atención las mesas de centro gemelas de Batavia, que dan calidez al conjunto.

Tanto la mesa de comedor como la del office, que están en espacios contiguos, se han realizado en pino con efecto envejecido, ambas a medida, de tal manera que si fuera necesario se pueden juntar y dar cabida a muchos comensales. Las preciosas sillas del office en verde son de Sika-Design y la lámpara de fibras de Sluiz. Es una de las zonas que más me gusta de la casa, como el aparador de pino con puertas de gallinero que recorre el pasillo y que me parece súper practico, de Dolz Colección.

El exterior se ha dividido en dos ambientes, comedor y estar. Me gusta que en esta casa muchas de las mesas sean redondas, porque invitan a la conversación y en verano que todo va más lento y las sobremesas se hacen más largas, creo que es una manera de fomentar una mejor comunicación. En esta ocasión se trata de una mesa de hierro lacado y mármol acompañada por unas sillas de bambú de HK Living.

Podemos ver también unas esculturales escaleras que suben al solárium, destacadas gracias a la pintura en azul, aunque digo yo ¿Quién quiere solarium teniendo esa piscina con un jardín tan acogedor? o mejor aún ¿con el mar a dos pasos?

¿Alguien más por aquí con mono de mar?

Fotografía: Patricia Gallego para Elle Decor / y Belén Ferrándiz

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Dimora delle Balze

Ha sido amor a primera vista. También lo fue cuando la empresaria de moda y profesional del diseño escenográfico, Elena Lops, descubrió esta granja del Siglo XIX y la adquirió. No sólo la convirtió en su casa, sino también en un hotel rural, Dimora delle Balze, donde además de descansar, se pueden hacer todo tipo de eventos.

Esta maravilla se encuentra en Sicilia, en una finca fortificada rodeada de 27 hectáreas de puro paisaje mediterráneo. Para su tarea de rehabilitación se apoyó en la diseñadora Draga Obradovic y en el arquitecto Stefano Guidotti.

El exterior disfruta de varias terrazas, porches, un mirador con vistas al Mediterráneo, piscina, solárium, patios cubiertos,… donde podemos ver un mix de culturas, pasado y presente, mobiliario de firmas tan contemporáneas como el sofá verde de Paola Lenti o las tumbonas y sombrillas de Kettal, que se ven delimitadas por grandes columnas clásicas que nos recuerdan la impronta de su pasado. Por otro lado, encontramos también piezas singulares que rompen y ponen el punto focal a una estancia, como la silla azul de la primera imagen, es portuguesa y fue restaurada por la diseñadora Draga Obradovic (sin duda una de mis favoritas de la casa). También muebles antiguos recuperados, como el sofá de forja de la segunda imagen o los apliques de la pared. Y en esa misma estancia, los farolillos, traídos de Marruecos.

La casa tiene varias habitaciones, todas ellas distintas. Cada una está bautizada con una de las obras de un siciliano ilustre vinculado a la literatura, a la pintura, el cine, la ópera,… de tal manera que, aquél que se hospede en la casa, pueda saborear la vivencia con todos sus sentidos. Así, encontramos habitaciones casi palaciegas con grandes y preciosos chandeliers restaurados, techos pintados en colores granates y dorados, que hacen referencia al Renacimiento. Otras van más allá, utilizando el dorado por completo en sus techos. Mientras, vemos el contrapunto en habitaciones mucho más sencillas, espacios que nos recuerdan al Mediterráneo.

Muchos de los elementos que decoran la casa, tanto a nivel arquitectónico como decorativo, tienen procedencia marroquí. Los azulejos de los baños son un ejemplo, también los pavimentos que recorren parte de los suelos, o la sucesión de platos azul índigo que se descuelga por la pared del vestíbulo.

Mención aparte merecen las luminarias, desde las más contemporáneas a las más clásicas. Sobre el comedor una de mis top en lámparas, siempre me ha encantado por su versatilidad y la cantidad de opciones de diseño que ofrece, la Wireflow, de Vibia, en el vestíbulo también se ha optado por lo moderno con la luminaria String Light, para Flos. En el pasillo sin embargo, sobre la mesa circular de nogal restaurada, podemos ver un maravilloso chandelier, diseño de Luca Turrini. También, como hemos visto antes, en varias habitaciones están presentes estas increíbles lámparas de araña que nos llevan a vivir en épocas lejanas.

¿No os animaríais a pasar una temporada en una casa como esta?

Imágenes: Elle Decor / Dimora delle Balze

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Casa mallorquina con historia…

Sólo he estado una vez en Mallorca, una isla de la que guardo grandes recuerdos, quizás sea porque fui cuando terminé la universidad de viaje de fin de curso y ya se sabe cómo son esos viajes. Desde que escribo el blog, he conocido virtualmente a mucha gente que vive allí, con algunas de esas personas hablo casi a diario a través de redes, es como si hubieran estado ahí toda la vida y sin embargo, no nos hemos visto nunca. Algunos de mis amigos de siempre, también se han ido a vivir a la isla. Incluso mi «hermano americano«, el que estuvo un año en mi casa mientras mi hermana pasaba su año en Estados Unidos, ahora también vive allí. Claramente, tengo un viaje pendiente a Mallorca, aunque tenga que hacer turnos para ver a la gente.

Hoy voy a enseñaros una casa típicamente mallorquina, tan típica que lleva en pie desde 1700 y ha pasado de ser una fonda, a una bodega, para convertirse en molino de aceite y por fin, de la mano del arquitecto Durval Dias Junior, en vivienda.

La casa conservaba muchos de sus elementos antiguos, su identidad rural y piezas arquitectónicas típicamente de la zona, como la piedra de marés, el paso mediante arcos e incluso la escalera original. Otros, como las viejas vigas de madera, se restauraron para utilizarlas en las puertas interiores. Para acompañar, la decoración se eligió sobria, elegante, con una paleta de colores que va desde los blancos al negro, pasando por los neutros. El mobiliario mezcla piezas modernas con otras de corte vintage e industrial y sobre los materiales, se ha recurrido a aquellos que nos conectan con la naturaleza, con lo más básico: la madera, el hierro y la piedra. Para el suelo se ha optado por el hormigón pulido que además de unificar los espacios, permite utilizar bajo él, calefacción de suelo radiante.

Si os soy sincera hay una parte de la casa que no me gusta especialmente y es donde quizás, el arquitecto se podría haber lucido más, se trata de la cocina. Es lo que yo llamo una cocina laboratorio, demasiado fría para mí y la campana, diseñada por éste, es lo que menos me gusta. Se salvaría el salpicadero que, al llevar pequeños azulejos con motivos muy discretos, le ponen un punto de calidez (por poner algo salvable). Ah! el antiguo banco de madera asturiano, ese no cuenta, este lo elevo a la categoría de maravilla, pero está en el paso de la cocina así que no me refiero a él cuando hablo de la cocina.

El comedor es un mix de piezas bien avenidas, por un lado, una gran mesa de madera antigua traída de la India, que es la encargada de aportar calidez a la estancia, se complementa con sillas Tolix de corte industrial y para iluminar, la famosa lámpara Arco de Achille Castiglioni para Flos. Para complementar, un aparador de Ethnicraft comprado en Candela Home.

Los espacios se comunican entre sí a través de vanos. A continuación del comedor, encontramos el salón con un precioso sofá negro de Molteni que contrasta con las sillas y las mesas de centro de madera de Mestre Paco. En este espacio, el punto diferenciador lo pone la butaca roja de Marco Zanuso para Arflex, también en Mestre Paco. Imagino que la alfombra ya la habréis reconocido, es de Ikea.

En este salón, el arquitecto creó una chimenea de hormigón armado con dos repisas del mismo material a ambos lados. Para iluminar el espacio se hicieron nichos en la pared con iluminación indirecta hacia el techo, además de colocar un par de lámparas articuladas Jiedé y otra lámpara hecha a base de troncos, como lámparas de ambiente.

En el dormitorio predominan los tonos neutros de la ropa de cama de Zara Home, el punto de color lo pone el cuadro de la pintora holandesa Ria Diercks Kron y la alfombra roja a modo de Kilim. Ya por último en el baño, todo vuelve a ser blanco, con encimera de teca y un pequeño remate de teselas en la zona de aguas para proteger la pared. Los muebles se han hecho a medida para aprovechar al máximo el espacio.

El exterior se rodea de vegetación mediterránea y se puede ver perfectamente su historia sólo con contemplar la fachada donde su pasado ha quedado a la vista con unas escaleras adosadas a la pared que ahora, no conducen a ningún sitio. ¡Me encantan!

Imágenes: Montse Garriga para Elle Decor

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Sevilla tiene un color especial…

Quizás hoy esperabais un post sobre compras para San Valentín, reconozco haberlo hecho algún año, pero la realidad es que en esta casa no lo celebramos, como tantas otras fiestas que pensamos que son fruto de modas, de algo impuesto y del marketing que hay en torno a ellas, porque si estás enamorado lo estás cada día, no hace falta uno en especial para demostrarle a tu pareja lo que significa para ti. Es mi opinión, aunque por supuesto respeto a todo aquel que lo quiere celebrar, sobre todo porque celebrar, sea lo que sea, nos produce felicidad. Así que cada cual libre de hacer lo que le salga del corazón, y nunca mejor dicho.

A mí me sale traer una casa que tenía guardada en borradores desde hace muchos meses, que quizás os sorprenda o no os guste a todos, pero que seguro no os dejará indiferente. Lo que no me podréis negar tras verla, es que transmite muy buen rollo.

La vivienda se sitúa en Carmona, Sevilla, en un edificio Mudéjar del Siglo XVII. Las obras de rehabilitación estuvieron a cargo de José Manuel Caraballo y el interiorismo es de Javier González Sánchez-DalpDurante dichas obras, salieron a relucir grandes tesoros como una capilla y es que, éste había sido lugar de asentamiento de monjes Jerónimos durante el siglo XVII. En el patio también se encontró una cueva natural con columnas de mármol y piedra y su arquería original.

El interiorismo se completó con la más pura estética andaluza. Suelos de barro y piedra, paredes de cal, estucos, colores representativos de la tierra (verdes, blancos, rojos), complementados con bellas antigüedades mayoritariamente de los Siglos XVII y XVIII de distintas procedencias (Francia, Turquía, Marruecos, España e Inglaterra), pero sin llegar a caer en lo Barroco o el maximalismo, gracias al equilibrio estético con aquellas piezas de procedencia local.

El tour de la vivienda empieza en el patio interior con alberca, quizás mi lugar favorito de la casa. Allí podéis ver una gruta calcárea natural por la que se accede a un salón con bodega. Todas las columnas del patio también salieron a la luz tras la rehabilitación, estaban escondidas tras los tabiques de una antigua galería.

La zona de estar de la vivienda como veis en un mix de telas, texturas, cerámica, arte, bañado por una gran cantidad de luz natural procedente del patio. Allí conviven cerámicas de Talavera, cuadros de Luis Montes, Juan Fernández Lacomba, Carmen Larrañaga o el de gran formato, de Javier Sánchez-Dalp Marañón. Mezcla de estilos como las butacas del fondo (una francesa y la otra Isabelina), mesitas marroquíes y por supuesto, las tapicerías que son todas distintas, de Atelier 66 y María Terry. A mí al menos, me parece un «popurrí muy bien avenido».

Me encanta la zona donde se ha situado el despacho, a las espaldas del sofá y delimitado por los arcos, que lo separan visualmente. A la mesa rústica española de despacho, le acompaña un sillón de iglesia del Siglo XVIII y bajo ellos, una alfombra alpujarreña.

El pasillo es otro de mis espacios favoritos, una larga alfombra marroquí nos lleva hasta un antiguo armario de la misma procedencia, se combinan con una cortina turca que resalta las puertas blancas recuperadas. Ese pasillo es la antesala de lo que está por llegar, una cocina que te deja sin palabras. En verde y blanco con un frente de azulejos de Manises del Siglo XIX, sobre la viga una colección de cerámica popular española y en el centro del espacio, una mesa tocinera que acentúa el carácter rústico del espacio.

En el comedor volvemos a ver una representación de distintos países formando un mix perfecto. Telas francesas y argentinas, lámpara marroquí, sillones de mimbre artesanales y cerámica antigua. Cómo no, el arte sigue presente, esta vez a través de artistas sevillanos.

En el dormitorio, en lugar de ocultar las vigas se pintaron de verde para destacar el tejado a dos aguas. De nuevo las telas toman protagonismo, desde el cabecero entelado, al baúl en toile de jouy antiguo, las mantas de La Alquitara o la alfombra marroquí.

El dormitorio de invitados no puede ser más divertido, dos camas en laca china color rojo con dibujos goyescos del Siglo XIX, son las indiscutibles protagonistas. A los pies de estas, dos sillas francesas compradas en Ana Abascal y Patricia Medina. Las alfombras, llenas de colorido también, son turcas.

Y hasta aquí el tour de hoy. Me encantaría saber vuestra opinión, sé que es algo distinto a lo que suelo poner por aquí, pero estoy convencida de que hay que acostumbrar a la retina a ver cosas diferentes y no encasillarnos en un único punto de vista, quizás te sorprendas de cómo pueden variar tus gustos o aceptes nuevas ideas que hasta ahora ni siquiera te las habías planteado…

Imágenes: Elle Decor

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La nueva casa de Guille García-Hoz

Soy muy fan de Guille García-Hoz desde hace muchos años, no sólo como interiorista, que también, pero he de decir que aún más como persona. Me encanta su manera de ver la vida, el amor – que traspasa la pantalla – hacía sus perretes (en realidad hacía los animales en general) y hacia su pareja. Junto a su marido Sergio, a Lisa y Nala (sus adorables perritas) y antes a Fú (un perro al que adoptaron con ocho años), forman una adorable familia que lo mismo te hablan en redes de deco, que de deporte y vida saludable, te enseñan las divertidas aventuras que pasan junto a sus mascotas, o te cuentan la última colección de piezas que sacarán en la tienda. Y lo mejor de todo, siempre desde el humor. Son maravillosos.

No es la primera vez que hablo de él por aquí, le he dedicado post a sus trabajos y su tienda. En su día os conté también cuando le vi en DecorAcción, ahí estaba él en su bicicleta y no me atreví a acercarme. Este año no dejé que pasara lo mismo cuando le vi en Intergift, le asalté cual «friki fan» y me puse a hablar con él, con vergüenza, colorada,… menos mal que la mascarilla me tapaba, pero tenía que decirle que admiraba su trabajo y a su persona, y así lo hice.

Como le sigo por redes sabía que se estaba haciendo una casa nueva, como era de esperar, me ha encantado el resultado. Tiene una visión muy particular de la decoración, esa es mi percepción, pero encaja mucho con lo que a mí me gusta porque crea espacios con «alma». La tradición, la artesanía, los muebles de oficio, por supuesto la famosa cerámica de Talavera, siempre están integrados en sus proyectos. En esta ocasión además, lo ha mezclado todo con muebles de Ikea y ni te das cuenta de que son de allí, porque no pone una casa calco de un catálogo, sino que mezcla sabiamente las piezas para que el conjunto tenga carácter y personalidad.

La casa, se encuentra en un antiguo secadero de pimientos, en la provincia de Cáceres. Como he dicho, Guille dejó que el espíritu de la misma sobreviviera, de ahí sus muros de piedra a la vista, conviviendo con paredes lisas o contraventanas recuperadas, para luego meter cierto contraste con los cerramientos de aluminio en negro, o las escaleras de hierro de corte fabril, las fibras naturales en los muebles (como los sillones de ratán del salón, o la alfombra de fibra, que proceden de Ikea), etc.

Dos piezas que me han atraído desde que las vi, son las mesas de centro del salón, de Revolución Limo, son 100% de plástico reciclado y realizadas de forma artesanal. He de decir que aunque nunca he sido muy fan de los acabados que me recuerdan a los terrazos, estas mesas me han sorprendido gratamente, así como la firma que lo la conocía.

El mobiliario de la cocina proviene de Ikea también, pero tiene sus toques. Como el salpicadero, donde en los azulejos se han representado los dibujos de los perros de los propietarios, gracias al Centro Cerámico de Talavera, de donde son también los jarrones blancos. Si os fijáis, también en la cocina hay un cartel que les recuerda a su antigua mascota y pone «casa Fú«, bajo él, un mueble que se encontraba en el antiguo secadero y que decidieron conservar, de este mueble y el cartel, partió la inspiración para el resto de la casa.

El dormitorio principal no puede ser más sencillo, la propia piedra es la que hace las veces de cabecero y mesilla a la vez. No se necesita más. Lo mismo sucede en el baño, la misma piedra protege la zona de la ducha.

La verdad es que no esperaba menos de Guille, una vez más aplaudo su trabajo y entiendo que esta casa sea su refugio y el de su familia para desconectar. Se me haría duro volver cada domingo a Madrid, no sé si sería capaz ;-)

Fotografía: Pablo Sarabia / para Elle Decor

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