Galán Sobrini Arquitectos

Voy como «pollo sin cabeza». El viernes pasado por fin publiqué el anuncio de venta de mi chalet, a su vez fuimos a ver con las niñas el piso donde nos mudamos (ellas no lo habían visto). Estuve cogiendo medidas y ahora me paso los días intentando hacer un tetris con los muebles. Por otro lado, estamos regalando gran parte de nuestra biblioteca, ya sabéis que tenemos muchísimos libros, nuestros amigos están encantados (se los llevan por cajas), pero a mí me da cierta nostalgia. También he hecho limpia de ropa y menuda limpia, 5 bolsas han ido al contenedor de reciclaje y tengo tres montañas a la venta en Vinted con ropa prácticamente nueva, algunas prendas con etiqueta incluso. Mi marido también se ha deshecho de buena parte de la suya, a él le salieron 7 bolsas y aún tienen que hacer lo propio mis hijas. Tengo el síndrome del nido, intentando mantener todo limpio a todas horas, pero es realmente imposible con una mascota y dos adolescentes. Así es mi vida ahora y lo seguirá siendo hasta que nos mudemos, no sabéis las ganas que tengo de que llegue abril, aunque el cambio será otra locura igualmente. Pufff….

Por cierto, si alguien está pensando en mudarse a la zona norte de Madrid o quiere adquirir ropa en perfecto estado a precio de ganga, que me escriba por privado y os mando la información (por favor abstenerse los que sólo quieran cotillear, que no me sobra el tiempo). ¡Gracias! :-)

Ahora que busco pisos o casas pequeñas para coger inspiración, me sigo encontrando con casoplones preciosos que a mí me sirven de poco. Espero que os sean de utilidad a vosotros.

Esta casa está en Pozuelo, una de las zonas más caras de Madrid, tiene ni más ni menos que 300 metros cuadrados, una casita en el jardín y una parcela de 1.500 metros, ahí es nada. Los arquitectos Galán Sobrini la sometieron a una reforma integral con el fin de conseguir una vivienda abierta al jardín gracias a grandes ventanales, así como a espacios diáfanos. Le dieron gran protagonismo a la zona de día, cocina, salón y comedor están comunicados entre sí, y a su vez se abren a un gran salón de verano, aunque estas estancias también pueden cerrarse a demanda mediante grandes puertas correderas.

Desde la entrada ya se intuyen los espacios y la amplitud de la vivienda, acentuado por el blanco impoluto de las paredes. Color que predomina en toda la casa, aunque encontramos también neutros como el topo, el gris o el negro. Sólo en las habitaciones infantiles, así como en sus baños, se han permitido otras tonalidades (rosa para la niña y azul para los niños). Hablando de las habitaciones infantiles y esto es una opinión personal, no soy partidaria de utilizar camitas pequeñas ya que duran poco tiempo y la inversión a la larga es el doble, ya que habrá que cambiarlas cuando los niños crezcan. Me parece más interesante poner directamente la cama que vayan a utilizar hasta que sean mayores (ya sea cama nido, cama de 90 cm individual o litera, por ejemplo).

Los papeles pintados también tienen mucho protagonismo en esta casa, personalmente me encanta el que se ha utilizado en el baño principal, nada cansino, divertido y con un color que combina a la perfección con los complementos en negro, dorado o incluso, con el armario en gris. Me ha costado mucho buscar uno igual y el que encontrado no es del mismo color, pero sí el diseño, podéis verlo en la tienda Papeles Decorativos. Para la zona de mirador, unas clásicas rayas en tonos beige y tierras son un acierto seguro (podéis ver este casi igual en El Corte Inglés). Como también lo es el clásico tartán de la habitación infantil (he encontrado uno muy similar en Aribau Papeles Pintados).

Aunque los colores están muy definidos, no falta en ningún espacio toques cálidos como la madera, las fibras naturales, el cuero, o textiles en tonos tierra, restando de esta manera la frialdad del color blanco.

¿Qué os parece el casoplón de hoy?

Imágenes: Galán Sobrini

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Una pared de libros…

Esta es la casa que quise traer al blog la semana pasada, totalmente conquistada por esa pared de libros. La realidad es que no todo de ella me gusta (la cocina, por ejemplo, no es mi estilo), pero no podía dejar pasar la ocasión de mostrar esa librería de suelo a techo. Ahora hay una tendencia tan minimalista que, aunque particularmente me de paz, veo cómo van desapareciendo elementos que a mi juicio, transforman una casa en hogar. Hablo de los libros, claro. ¿Dónde los esconde la gente? ¿Es que no tienen libros en casa? Si alguna vez me mudo de este chalet, mi intención es hacerlo este año, una de mis grandes preocupaciones es precisamente dónde meteríamos tanto libro.

Casualmente, como el post anterior donde los libros eran protagonistas y el propietario escritor, esta vivienda también se construyó para un artista e historiador de la arquitectura. Me hace pensar que exponer tus objetos (sean libros, fotografía, pintura, escultura, etc.) va inherente a este tipo de personas creativas, entre las cuales me incluyo.

El gran bloque de hormigón, acero y madera se construyó en el patio trasero de una propiedad de los años 40. Ambas edificaciones coexisten de tal manera que la original, que da a una calle transitada y comercial en Austin (Texas), conserva la estética histórica de vecindario y en su parte trasera, se erige la nueva vivienda más contemporánea haciendo referencia al contexto más urbano donde se encuentra.

Se construyó con bloques de cemento y para el techo se optó por madera de abeto Douglas, madera sin tratar que en sus inicios es blanquecina, pero con el paso del tiempo, va cogiendo una tonalidad amarillenta e incluso rojiza. Como veis, tanto los sistemas de electricidad, fontanería, refrigeración, etc. se dejaron vistos, de tal manera que su mantenimiento fuera más fácil, así como su colocación. También pensando en un futuro para posibles cambios de ubicación.

La vivienda de concepto abierto cuenta con una gran sala que comparte la zona de estar y el comedor con la cocina. Aquí es donde encontramos la gran librería de dos alturas que contiene una extensa colección de libros de arte y arquitectura. En la planta baja también se añadió un espacio más privado para almacenaje, lavandería y un baño. Arriba, se sitúa el dormitorio principal en suite con una bañera exenta de patas, que permite darse un baño mientras disfrutas de las vistas al jardín. Si os fijáis la estructura revestida con espejo junto a la cama, tiene una puerta, me queda la duda si esta es para ocultar la zona de inodoro del baño o si se trata de un «walk in closet». En cualquiera de los dos casos, me parece un acierto y aunque no me llama mucho la atención las paredes cubiertas con espejo, en esta ocasión, la librería se refleja creando el efecto óptico de que se duplica y la cama, parece que estuviera rodeada de libros. Además, tiene el poder de multiplicar la luz natural y que donde sólo hay una ventana, parezca que hubiera dos.

El almacenaje de libros y CD´s se aprovecha en el altillo por las dos caras, de tal manera que tienes acceso a ellos desde la escalera y también al subir al dormitorio.

Siendo honesta, no sería una opción de vivienda para mí, seguramente tampoco para la mayoría de vosotros, pero es indiscutible que esa pared de libros enamora a primera vista. Me encantaría saber vuestra opinión al respecto.

Fotografía: Leonid Furmansky / Arquitectura: Murray Legge

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El refugio de un poeta…

Hoy es un vídeo el que encabeza el post. Si tenéis siete minutillos para verlo y escucharlo, comprenderéis lo qué me ha llevado a traer esta maravilla al blog. Es más, tenía otro post medio preparado casualmente con un mismo hilo conductor (los libros), pero de repente he ido a consultar mi mail y «et voilà», ahí estaba este refugio asomándose y diciéndome que lo debía publicar. Así que cambio de planes, el otro post tendrá que esperar.

Esta obra de arte realizada por el arquitecto Eric J. Smith, es el sueño materializado de un empresario y escritor que, tras su jubilación, quería dedicarse a tiempo completo a la escritura. Se inspiró en el ensayo «Walden», o «Life in the Woods«, de Pond de Thoraeu, que narra las reflexiones de un escritor que se retira a vivir a una pequeña cabaña en plena naturaleza. Este era el anhelo del propietario, tener un espacio sencillo, aunque moderno a la vez, donde poder escribir, reflexionar y estar en contacto con la naturaleza.

Para ello, encontraron una propiedad en una zona boscosa de Connecticut con acceso a pie a la misma. El estudio debía tener varias condiciones, lograr que fuera autosuficiente y estuviera perfectamente aislada, debido a los condicionantes del lugar. Por otro lado, a pesar de no tener un tamaño muy grande, tenía que poder albergar los más de 1.700 ejemplares de libros que poseía el cliente.

Piedra, acero, madera y vidrio, se alían para crear este espacio que pareciera llevar ahí toda la vida. Y es que toda la piedra, tanto la exterior como la interior, es la misma que salió de la excavación para realizar los cimientos, es decir que simplemente ha cambiado su forma, pero no de lugar. Todo un acierto aprovechar los recursos naturales.

A esta piedra, que le da el toque más rústico, le acompañan otros materiales como el acero, soportando las estructuras más pesadas del estudio, véase el voladizo. El cristal, permitiendo disfrutar de las vistas del bosque casi desde cualquier ángulo. Y por último la madera, sin duda el mejor soporte para mimar nuestros tesoros más preciados, en este caso, los libros.

Otro requisito fundamental en la construcción era que estuviera concebido como un espacio creativo, no hace falta decir que el arquitecto lo consiguió sobradamente gracias al voladizo donde se ha situado el despacho, con sus vistas 180 grados hacía el bosque la escritura debe fluir casi sola :-)

La estrecha entrada está flanqueada por paredes de piedra de casi 80 cm de espesor. La puerta de madera se desliza en el interior del muro para permitir que, un gran panel de vidrio haga las veces también de puerta permitiendo el paso de luz desde la entrada al otro extremo del refugio, donde se encuentra el voladizo.

Al entrar, el espacio se comprime y las paredes la conforman la misma piedra del exterior. Aquí es donde empezamos a encontrar los contrastes, aparece el roble blanqueado ahumado en suelos, techos y mobiliario. Destaca el pasillo en cuyos lados se han realizado sendas librerías que albergan la gran colección de libros del escritor.

Bajo uno de los estantes de la librería y a modo de cajón, se esconde una cama nido para las ocasiones en las que el propietario decide pernoctar. Y tras la trasera de la librería izquierda encontramos una escalera que da acceso, a través de una trampilla motorizada, a una terraza panorámica en el techo.

Pero sin duda, el mayor atractivo de esta pequeña construcción, lo tiene la sala de escritura en vidrio construida en voladizo sobre un barranco. Es sencillamente espectacular.

A modo de curiosidad, incluso la buena conservación de los libros está muy bien pensada. Para ello se instaló un sistema de calefacción y refrigeración geotérmica que lo asegura.

Un lugar pequeño y aparentemente sencillo, pero la realidad es que aquí todo está pensado al milímetro, el arquitecto J. Smith tuvo en cuenta todas las necesidades del cliente para materializar el sueño de un poeta.

Fotografía: Durston Saylor

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Cuestión de orientación…

Viendo la primera imagen, quién diría lo que esconde esta casa en su parte trasera. Como veis se trata de una construcción tradicional, su parte delantera se compone de pequeños habitáculos, techos altos y detalles ornamentales propios de la época. Pero a su vez, tenía un potencial enorme, un gran patio trasero que permitió crear un anexo que, literalmente se funde con el jardín. El proyecto es obra del estudio de arquitectura Bent Architecture y se encuentra a unos 5km de Melbourne, Australia.

En todos sus proyectos intentan orientar las viviendas hacia el norte, extendiéndolas de manera longitudinal de este a oeste, de esta manera aprovechan el calor del sol en invierno (calefacción pasiva) y la brisa en verano. El patio que nos ocupa, sin embargo está orientado al este, lo que quiere decir que la casa disfruta de mucha luz y aunque en invierno el calorcito está asegurado, la desventaja es que en verano también.

Además de la importancia de la orientación, necesitaban privacidad. Sus vecinos estaban demasiado cerca, pero no querían restar luz ni sol al jardín. Para ello añadieron vegetación estratégicamente colocada, mediante arbustos, enredaderas y algunos árboles se consiguió dicha privacidad y junto con los grandes ventanales acristalados, se creó un espacio donde es difícil discernir si estás en el interior o en el exterior de la vivienda.

Si os fijáis también, para conectar la parte más antigua y oscura con la nueva y luminosa, se ha creado un gran tragaluz en el techo de la parte central de la casa que lleva la luz natural a todos esos rincones más lúgubres de la vivienda.

La viguería ya existía, dándole carácter histórico en la zona más antigua, mientras que, en la nueva estas vigas se perciben como elementos modernos y por supuesto en toda la vivienda, la madera aporta calidez y riqueza natural a los espacios. Por otro lado, los colores más apagados como los grises, los verdes oscuros o los negros, compensan el colorido jardín.

Como bien resumen los arquitectos, lo ideal en cualquier hogar es maximizar sus virtudes y minimizar sus defectos. Esta casa no contaba con la mejor orientación posible, además de tener una vivienda de dos plantas en su parte trasera que les restaba mucha intimidad. Por ello había que reorientar los espacios hacia el sol, esconderse de miradas indiscretas y crear un espacio abierto donde los propietarios pudieran sentir la naturaleza a sus pies. Creo que el reto está más que conseguido ¿no os parece?

Imágenes: Tatjana Plitt para Bent Architecture 

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Zen Architects

Esta casa me ha hecho viajar al pasado y no porque tenga un aire antiguo precisamente, pero tiene dos elementos que me han transportado a mi infancia. La primera ha sido ver esas robustas paredes revocadas de manera irregular que me han recordado a las que había en el colegio, aunque aquellas, además, tenían piedrecitas incrustadas con las que haciendo un poco el burro, me destrocé un dedo y se me cayó una uña (mi mano volvió a su ser, pero el recuerdo está ahí). Y el segundo pensamiento ha venido al ver en la biblioteca el Summa Artis ¿Quién no ha tenido o tiene aún en casa de sus padres esta mítica enciclopedia? En casa de mi madre está y me ha hecho gracia encontrarla en los estantes de esta casa. Estas dos tonterías, sumadas a que la vivienda es un espectáculo, me ha hecho traerla hoy por aquí.

Está situado en Mount Eagle Estate, una zona protegida al noreste de Melbourne, Australia. De gran importancia histórica, planificada y diseñada por Marion Mahoney y Walter Burley Griffin en 1915. La nueva construcción realizada por Zen Architects, debía seguir, por tanto, los estándares patrimoniales de vegetación, paisajismo y sostenibilidad del entorno. Ya existía entonces una vivienda que no se adaptaba a las necesidades de esta familia compuesta por un matrimonio y cuatro hijos. Decidieron empezar de cero puesto que ellos habían evolucionado también, con sus hijos ya mayores y la presencia de nietos, necesitaban más espacio y una disposición diferente para adaptarse mejor a las circunstancias.

Ahora la casa es de una sola planta, adaptando la movilidad para poder envejecer en ella. Se ha cuidado mucho la parte de sostenibilidad, en cuanto a los materiales utilizados, todos son naturales, reciclados y de proximidad. La eficiencia energética, también se aprecia en detalles como las ventanas, algunas estrechas y alargadas (que otorgan intimidad), otras como las salientes con capota (orientadas al norte) permiten la máxima entrada de sol en invierno mientras que, en verano, lo excluye. Otras ventanas, dejan entrar literalmente al jardín en el interior.

Los adoquines del suelo de pizarra Castlemaine, continúan desde el exterior hasta el interior por los espacios comunes, facilitando el mantenimiento. Al igual que sucede con las vigas de la pérgola del jardín que podemos encontrarlas también discurriendo por la entrada, la cocina o la biblioteca.

El mobiliario, elegido en consonancia, sigue un patrón tranquilo y minimalista con la madera como protagonista. En la cocina, realizada del mismo material, tengo el firme propósito de descubrir de dónde es la lámpara colgante sobre la isla (no puede gustarme más). El arte rompe aportando colorido y movimiento en un ambiente más bien plano. Por supuesto lo de plano no cuenta para la librería, allí los libros ya tienen esa función, además de la antigua mesa de despacho con vistas al jardín, maravillosa también ¿puede haber lugar más idílico para trabajar?

Si os dais cuenta es aquí en el despacho y en los dormitorios, donde el suelo ha cambiado, una tarima de madera se encarga de avisar que estos son espacios de retiro y por tanto de mayor confort. En el baño volvemos al mismo concepto que la cocina, muebles de madera con finas encimeras de cemento pulido (en este caso, al igual que el suelo, que funciona muy bien para zonas húmedas).

Y por último tenemos el jardín, lo más importante de la casa puesto que todo el proyecto gira en tono a él. Como dicen los arquitectos del proyecto: » el paisaje crecerá dentro, alrededor y sobre la casa con el tiempo « .

Imágenes: Derek Swalwell  yZen Architects

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Vuelta a la primavera…

«Aunque no esté escrito en ningún libro, hay un tipo de primavera que se llama Ibiza» Así comienza Susanna Cots explicando la filosofía de este proyecto. Y cierto es que si hablamos de las islas, rápidamente nos viene a la cabeza las eternas horas de sol, la playa, los chiringuitos y la vida bucólica, por mucho que sepamos que hay otra realidad, como en cualquier parte. Días de lluvia y frío, de monotonía, de trabajo, etc. Pero a mí, particularmente, me gusta más pensar en la lúdica.

Aunque no lo parezca esta casa viene de ser un lugar frío y oscuro. La apertura de ventanas y la construcción de pasillos acristalados fue determinante para dejar entrar la luz y toda la naturaleza que rodeaba la vivienda. Incluso un pequeño anexo a ella (la casa de invitados) se unió a la matriz a través de un pasillo de cristal.

Las simetrías juegan un papel importante, cocina, salón y cuarto de estar se alinean dando a la planta principal continuidad y los grandes cerramientos de cristal permiten comunicar el interior y el exterior a demanda. Elementos como la chimenea del salón, pueden ser utilizados también por su cara exterior, pudiendo disfrutar de ella por el porche exterior.

La entrada ya es una declaración de intenciones. Siempre me gustaron así, tan bellas que una simple mesa auxiliar redonda y un jarrón, son capaces de llenar todo un espacio. Pero no os equivoquéis, se necesita más que eso para que ésta se vea resultona, en este caso un suelo de madera colocado en espiga, una pared panelada (con el plus de la sorpresa del aseo en negro, efecto Wow total), una escalera con una iluminación muy estudiada… en fin, todo cuenta.

La cocina y el comedor ocupan un gran espacio alargado. Este último, se ha zonificado gracias al techo de vigas vistas en madera, a tono con el resto de los muebles y piezas en fibras naturales. La cocina además, posee una gran isla con zona de asientos para desayunos o comidas informales. Tras el comedor, encontramos una sala de estar con un gran televisor que, gracias a sus enormes ventanales, puede abrirse a demanda para comunicarse con el exterior, donde encontramos un banco de obra de estilo mediterráneo y una fuente. Además de los ventanales, su techo también es de cristal.

Al igual que la planta baja está concebida para el uso y disfrute en familia, la primera planta es todo lo contrario, se busca privacidad. El dormitorio principal ha copiado la idea del salón y su chimenea puede disfrutarse tanto desde la habitación como desde la ducha, doble confort. Cuenta además, con otros dos dormitorios que comparten baño completo. En esta planta, encontramos una habitación más que hace las veces de despacho y zona de juegos.

Y la guinda del pastel, en el jardín. Un maravilloso invernadero para sacar todo su potencial al exterior, incluso en invierno, porque aunque ya sabemos que en Ibiza siempre es primavera, también hace frío de vez en cuando ;-)

Imágenes: Susanna Cots

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Diseño vs funcionalidad…

Ahora ya sí, inmersa en mis rutinas, vuelvo a los posts con contenido de decoración. Me ha costado la mitad de septiembre coger el ritmo normal, eso me pasa por postponer tareas y dejar las cosas para el último momento. No suelo ser así, pero entre la pereza de las vacaciones y, sobre todo, el momento vital en el que me encuentro, sencillamente es lo que ha sucedido. Por suerte me he puesto las pilas al llegar y parece que mi actitud está cambiando, espero que este inicio de curso que está siendo productivo, pueda mantenerlo en el tiempo. De hecho, tengo pensado algunos cambios para esta temporada, cambios que aún he de darles forma, ideas que rondan mi cabeza para ofrecer mis servicios de decoración de una forma más rápida y democrática (como diría el gigante sueco), pero esto ya os lo contaré más adelante cuando tenga las ideas más «masticadas».

Cambiando de tema y respecto a la vivienda que hoy nos ocupa, andaba yo fascinada con este, cuanto menos, curioso piso, hasta que me he percatado que quizás no todo vale en cuanto a diseño y arquitectura se refiere. Precisamente lo que más había llamado mi atención, esas escultóricas escaleras en acero, en un precioso tono azul que destacan sobre un lienzo neutro, me ha hecho replantearme la seguridad de las mismas. Viendo las imágenes una y otra vez, me he dado cuenta de la altura de los peldaños, luego he pensado en personas como yo (que últimamente además de no ver ni castaña, pierdo el equilibrio y vivo más a ras del suelo que de pie). ¿Podéis imaginar una caída desde la escalera contra la base de la chimenea de cemento que se encuentra justo debajo? ¡Auchhhh! ¿Todo vale para conseguir un diseño bonito? Quizás una distancia menor entre los peldaños o mejor aún, un pasamanos, evitaría este problema ¿no?. Menos elegante, quizás…, más seguro, por supuesto.

Independientemente de este punto, que para mí sería un cambio sin duda, al resto del piso no le pongo ningún «pero». No es una casa convencional, se trata de la vivienda de un director de cine cuya intención era albergar a 10 o 12 personas para poder convivir a la vez que trabajar, a modo de «campamento creativo», una manera de tener a su gente reunida en todo momento para hacer reuniones, «brainstorming», presentaciones, etc.

Muchas de las cosas que aquí se hicieron fue pensando en esta idea precisamente. Una enorme mesa de comedor frente a la chimenea, y a la vuelta la cocina, múltiples sitios donde tumbarse y relajarse para compartir ideas, dormitorios convencionales, en literas o en altillos, puertas correderas que conectan exterior e interior, todo con el fin de que la comunicación fuera lo más fluida posible.

Todo el trabajo de construcción se realizó a distancia durante la pandemia, tras ella, sólo quedó determinar cómo amueblar y colocar los accesorios para que cada espacio pudiera ser aprovechado de la mejor manera posible. Así, encontramos muebles sencillos, muchos los reconozco de la firma Ikea, cestos y almacenaje dispuestos por toda la vivienda para mantener el orden (fundamental cuando convive tanta gente), por supuesto las notas de arte no pueden faltar en un espacio creativo y nada de saturar los ambientes, precisamente porque la comunicación ha de ser fluida.

¿Qué pensáis de esta vivienda / estudio? ¿Cambiaríais algo o la dejaríais tal cuál?

Fotografía: Matej Hakar / @matejhakar Para: Dwell

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Casa Lorena

Cuento los días para irme de vacaciones, ya queda menos. Me gustaría poder quedarme la semana que viene en el pueblo, pero aún me quedan cosas que hacer por aquí y es que, aunque a mí no me vaya la vida en esperar una semana más, realmente estoy sufriendo por mi perrita. Me pregunto, si yo que vivo en un pueblo a las afueras de Madrid y rodeada de campo, veo lo mal que lo pasa Titi con estos calores, ¿cómo sobreviven los pobres perros que viven en la ciudad? No quiero imaginar sus pezuñas tocando el asfalto abrasante. Ains! ¡qué pobres!

Cuando he encontrado Casa Lorena me ha transportado directamente al verano, claro que su localización también se presta a ello. El estudio de arquitectura Workshop rehabilitó esta casa centenaria en la ciudad mejicana de Mérida. Desde fuera su fachada de cuatro metros y medio, ya llama la atención gracias a su bonito color rosa pastel. Dentro, en un tetris de 125 metros cuadrados, se organiza la casa con un maravilloso jardín con piscina.

Entramos directamente al salón, donde se sigue con la paleta de color rosa en las paredes. Nos encontramos con un increíble techo de cinco metros de altura, cuyas vigas son originales de Francia de finales del S. XIX principios del S. XX. De ahí se accede directamente a la cocina a través de un gran arco. Destaca la gran isla central de cuarzo blanco que se combina con mobiliario en gris, haciendo juego con el hidráulico que discurre por todas la planta. Por favor, mirad el detalle de los dos banquitos de madera que se encuentran en una esquina de la cocina, supongo que a modo decorativo, además de preciosos le dan calidez al ambiente y pueden servir por ejemplo, como mesitas auxiliares en el salón, en un momento dado. El que no haya muebles altos, también es un acierto, permite contemplar toda la altura de la pared sin elementos visuales que interrumpan o acorten la altura del techo.

Y tras la cocina, una puerta nos da paso a un porche con un idílico comedor exterior. Madera, fibras, vegetación e incluso, una cornucopia barroca, conviven en él a la perfección. Este patio es el que divide la zona de día (salón, cocina, comedor) de la más privada (los dos dormitorios y el baño). Aquí, se han dejado las paredes originales y las han vestido con mucha vegetación, alrededor de la cual, una piscina alargada pone la guinda del pastel a esta bonita zona exterior.

La casa tiene dos dormitorios, uno de ellos está subiendo las escaleras y el otro se encuentra en la planta baja, a este se accede desde el patio y tiene su propio baño al que se le ha añadido ventilación y luz natural mediante un mini patio interior. El dormitorio también posee un oasis de relax con una pequeña zona de estar bajo una palmera. Está decorado de forma sencilla y en tonos que invitan al descanso, azules y tierras, colores que predominan también en el suelo de ambos espacios.

Casa Lorena que se encuentra en el centro de una ciudad, pero es como tener un oasis donde veranear todo el año ¿no os parece?

Imágenes: Workshop Diseño + Construcción

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BIO-architects

En cuanto vi esta casa, me vino a la mente la que unos amigos se están rehabilitando en el pueblo y, cuyo salón, es muy similar a este. Tenían ciertas dudas de cómo amueblarlo y sobre todo dónde poner la chimenea, me ha parecido que quizás viendo esta idea podría servirles de inspiración. La distribución es la misma, salón y cocina contiguos con el ventanal enfrente, sólo que en su caso está en el otro sentido, pero la idea les sirve igual (salvando que su salón es algo más pequeño y lo de la librería y el comedor, habría que organizarlo de otra manera).

La casa de hoy trata de un proyecto de vivienda modular de BIO-architects, formada por módulos que se fabrican y decoran en fábrica para luego ser ensamblados en un par de días en su destino final, para los acabados exteriores se requieren un par de semanas más. Cualquiera lo diría ¿verdad? Estas casas están construidas con materiales ecosostenibles, con aislamientos altamente preparados y con soluciones tecnológicas que ofrecen todas las comodidades necesarias.

La vivienda, de 138 metros cuadrados más otros 50 de terraza, se diseñó para una familia. El interior está basado en un concepto abierto que conecta con el exterior gracias a los enormes ventanales, todas las habitaciones, además, poseen luz natural. Los espacios están tan bien aprovechados que las habitaciones fluyen una tras otra, sin pasillos de por medio.

En el centro de la fachada principal encontramos la puerta de entrada, nos da la bienvenida un gran recibidor con perchero de madera para colgar abrigos, un banco para sentarnos y poder descalzarnos con comodidad y enfrente, una enorme pared de espejo que, a su vez, esconde sitio de almacenaje. La visión que nos ofrece la entrada al fondo no puede ser más sugerente, una enorme librería con una zona reservada a tal fin que invita a quedarse en ese rincón.

Como no podía ser de otra manera, el cuarto de estar gira en torno a sus vistas. Todo está ubicado de tal manera que el punto focal se dirija hacia la vidriera y el paisaje exterior. De ahí la posición del sofá y también de la chimenea. Junto a la sala de estar encontramos la cocina, en un espacio contiguo y abierta al salón. También dispone de mucha luz exterior ya que se sustituyó uno de los frentes de trabajo por un gran ventanal, además, junto al office, en lugar de pared otro cerramiento de cristal comunica la cocina con la terraza. Ésta, de 50 metros cuadrados, es un comedor al aire libre que está cubierto para resguardarse de la lluvia en invierno y del sol en verano. Tiene también columpios y sofás.

Los dormitorios, tanto el principal (con vestidor y baño privado), como el resto, siguen una misma línea. Funcionalidad y sostenibilidad, una misma madera para todos ellos, colores blancos y beige para transmitir calma (aunque con toques de negro que aportan elegancia) y por supuesto, enormes ventanales que los inundan de luz.

Este tipo de construcciones, las casas modulares, tienen múltiples beneficios. Se reducen la emisiones de carbono en su fabricación y en la optimización del transporte, se utilizan materiales renovables, es posible desmantelar la casa tras muchos años o simplemente cambiarla de ubicación sin que el terreno sufra, hay un importante ahorro energético en cuanto a fabricación,… en fin que son todo ventajas con resultados fantásticos ¿Invertiríais en una casa modular o preferís las tradicionales?

Imágenes: BIO-architectcs

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La belleza de las curvas…

A la vista está lo que ha llamado mi atención de esta casa del barrio londinense de Walthamstow. Sus techos abovedados, a pesar de haber sido fruto de restricciones presupuestarías y una estricta planificación, han resultado convertirse en lo más peculiar y característico de a la misma.

La pequeña casa victoriana ya existente, sufrió una remodelación por la parte del jardín a la que se le adosaron dos extensiones algo inusuales. Como el presupuesto era muy ajustado, se inspiraron en las técnicas de construcción naval utilizando para ello, contrachapado de abedul en el techo creando así, esta forma tan característica como de casco de barco invertido que le aporta visualmente mucha amplitud, y al tener forma curva, ocupa menos espacio (tenían el hándicap de estar muy pegados a las casas colindantes). Para aportar más luz, en la parte más oscura de la cocina (al fondo, donde no hay ventanas) se instalaron tragaluces en los techos, de esta manera la iluminación natural estaría garantizada en toda la estancia.

Y ya que estamos, las curvas no sólo las podemos ver en el techo, otros elementos también las contienen. Como el diseño de la puerta corredera de la cocina, el acabado de las escaleras, piezas de mobiliario y decoración, o la mayoría de ventanas que dan al exterior. Por cierto, el gran ventanal del que disfruta la cocina dispone en su parte interior de un banco, por lo que si la ventana se encuentra tanto abierta como cerrada, pueden sentarte en él y disfrutar de las vistas del jardín.

En cuanto al color, hay dos zonas claramente diferenciadas. En los espacios comunes, predominan los tonos neutros junto a la madera, mientras que las zonas de noche se han enfatizado con tonos más oscuros que aportan calidez y elegancia. El uso del color es una manera muy efectiva de generar carácter e impacto a bajo coste.

El mobiliario me encanta, una sutil mezcla entre un continente moderno y un contenido con aire mid-century. Confieso tener mi pieza  favorita, la mesa y las sillas de comedor situadas en la cocina, aunque sin duda de esta casa me quedo con la parte arquitectónica, con el añadido de la cocina y sus techos abovedados en madera contrachapada de abedul. ¿No os resulta súper original?

Imágenes: Roar Architects

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