Estudio Poeira

Este es mi último post del verano, ya no doy para más. Tengo los sesos como el clima, abrasados. A un año especialmente duro, se junta este calor abrasador y un cansancio extremo que se ha apoderado de mí, siento que no soy persona, cuento los días para que lleguen las vacaciones. Estoy especialmente ilusionada con el final de éstas, no porque quiero que se acaben, pero ese final será como la guinda del pastel. Me iré unos días con mi mejor amiga a Cascáis y Lisboa, un viaje que llevamos siglos planeando hacer y nunca se daba la ocasión, nos vamos en unas circunstancias muy distintas a las que jamás hubiéramos imaginado, pero las cosas vienen como vienen y hay que coger las oportunidades al vuelo, así que allí nos vamos, mano a mano.

Precisamente la casa que os traigo hoy está en Portugal, más concretamente en la localidad de Palmela, muy cerca de Lisboa. Es un proyecto de la interiorista Mónica Penaguião, propietaria del estudio y tiendas Poeira. La construcción, de procedencia agrícola, mantuvo su esencia gracias al encalado de las paredes, a sus maderas pintadas, al blanco en paredes y techos que potencian la claridad junto con los espacios poco compartimentados y a la presencia de un único pavimento que lo unifica todo, el cemento pulido.

En el interior, sorprende cómo la interiorista consiguió mezclar un continente tan básico con firmas vanguardistas como Flos, Capellini o Marcell Wanders, con otras de almoneda, industriales, sillas recicladas de Piet Hein Eek, tejidos étnicos o productos artesanales de fibras naturales, una combinación que convive en perfecta armonía. Su tienda Poeira, que distribuye prestigiosas firmas internacionales, hace que todo ello sea posible.

La alfombra y el sofá, con terciopelo de Designers Guild, proceden de su tienda y las mesitas son el modelo Gong de Capellini. La lámpara del salón es de Flos. El divertido mueble auxiliar rojo, que sirve de apoyo al sofá, es de Fornasetti. Destacan los detalles industriales como la lámpara articulada Jieldé y el armario de hierro.

También se utiliza el arte como elemento de contraste, como la obra que reposa en el suelo, de la artista brasileña Isabelle Tuchband, en tonos fucsias y amarillo que rompe que con el blanco que impera a su alrededor. Junto al cuadro, una butaca recuperada del holandés Piet Hein Eek.

En el comedor aún se ha jugado más a los contrastes. La mesa es una creación de la interiorista, en madera lacada en negro. Le acompañan unas Wishbone de Carl Hansen y para darles servicio, un aparador de metal pintado que porta una gran lámpara verde de Marcel Wanders para la firma Capellini, el punto de calidez se lo dan dos taburetes de fibra comprados en la zona del Alentejo.

La cocina es sencilla, se conservó el viejo horno de leña y el gran fregadero de piedra que se montó sobre una estructura de hierro. Para dar un poco de apoyo a la cocina, un pequeño mueble auxiliar (también de hierro) hace las veces de mini isla con estantes.

En el dormitorio se mezclan tejidos de diseño, como la colcha de Elitis, con cojines estampados de Etro o Neisha Crosland y otros comprados en Turquía. Las mesillas nido son de Capellini.

El baño, como el resto de la casa sigue siendo de hormigón, excepto la pared de la ducha a la que se le ha puesto un decorativo azulejo amarillo de la firma Bicesse. Muy llamativo también resulta la roca natural que separa la ducha del lavabo y que se ha pintado como el resto del baño para integrarla, hace las veces de mampara.

En el exterior también encontramos un gran porche con una zona de estar. Las colchonetas de la bancada de obra llevan cojines vestidos con tejidos turcos y el kilim es una pieza antigua, le acompañan un par de sillas Tolix. Bajo la sombra de un árbol encontramos la zona de comedor, con mantelería de Poeira, vajilla de Bordallo Pinheiro, copas de Kenzo Maison y preciosas sillas del diseñador Piet Hein Eek.

No puede faltar una piscina y a su vera, una pérgola de madera encalada y cañizo. Bajo ella, dos tumbonas de origen indio. El hormigón llega hasta el vaso de la piscina, aunque se mezcla con algo de madera en su lateral, siguiendo así, el esquema general de toda la casa.

Está claro que mi amiga Ana y yo no iremos a un sitio tan espectacular, tampoco lo necesitamos, aunque os enseñaré por redes nuestras andaduras, espero que nos acompañéis. Lo tenemos todo planeado…

¡Feliz verano!

Imágenes: Montse Garriga para Elle Decor

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Torre de Palma Wine Hotel

Sois muchos los que os habéis incorporado recientemente al blog, lo primero de todo quiero daros la bienvenida. Quizás por mis últimas publicaciones penséis que la mayoría de mis posts son «home tours«, pero nada más lejos de la realidad. Cierto es que llevo tiempo publicando casas, quizás la pandemia hizo que, al ser el lugar donde más tiempo pasábamos, me enfocara más en ellas. Me he dado cuenta de que sin ser muy consciente de ello, estos últimos tiempos he publicado pocas firmas bonitas y menos aún, esos maravillosos hoteles que os solía traer por aquí porque total ¿dónde íbamos a viajar si hasta hace bien poco no podíamos?

Ahora que las cosas se van estabilizando (y me refiero sólo a la pandemia, porque el mundo está del revés), apetece viajar de nuevo. Es un sector que ha sufrido muchísimo durante estos dos años, incluso algunos tuvieron que echar el cierre, y mientras, nosotros nos hemos visto privados de esa libertad tan necesaria, el coger la maleta y desconectar unos días, da igual la distancia, lo que cuenta es la experiencia.  Así que hoy vuelvo con uno de esos espectaculares lugares para hacer una escapada, planificar unas vacaciones o lo que a cada uno se le antoje.

Los que ya me conocéis sabéis que si hay un sitio que literalmente me pone la mente en «off» durante una semana al año cada verano, es Portugal, así que no he ido muy lejos a buscar un hotel con encanto, este que traigo hoy está en el Alentejo y se llama Torre de Palma Wine Hotel.

Se erige sobre los restos de una casa que data de 1338. El equipo de arquitectura de João Mendes Ribeiro, se encargó de la rehabilitación. Han respetado las paredes encaladas de la antigua torre, en torno a la cuál, se han restaurado aquellas edificaciones que aún quedaban en pie y a las nuevas construcciones, se les ha dado un toque más contemporáneo con muros de mampostería y techos de hormigón.

A la sombra de estas ruinas romanas, se producen vinos artesanales del Alentejo, seña de identidad de Torre de Palma. La bodega se encuentra abierta para vistas y degustaciones, así como eventos. Como el vino se realiza de manera artesanal en el propio hotel, también permiten a los huéspedes participar del proceso de elaboración del mismo.

El interiorismo es obra de Rosarinho Gabriel. En la antigua casa se sitúan el salón y el restaurante Basilii, rindiendo homenaje a la familia que en su día vivió en la finca. El hotel cuenta con 19 habitaciones, desde los 20 metros cuadrados la doble, hasta los 84 metros la master suite. Cada tipología tiene una decoración distinta, excepto en las habitaciones más pequeñas donde se ha introducido algo de color, los neutros son los protagonistas. En todas ellas se combinan muebles antiguos, elementos tradicionales de la zona, piezas de madera que destacan sobre las paredes encaladas, obras de arte, piezas de decoración muy bien seleccionadas,… con la finalidad de que las habitaciones transmitan sensación de hogar.

Además, el hotel posee también piscina exterior y cubierta, spa, baño turco, servicio de masajes, establos, sala de conferencias y por supuesto, un entorno que quita el sentido.

¿Os han entrado ganas de viajar? Yo ya estoy haciendo la maleta…

Imágenes: Design Hotels

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São Lourenço do Barrocal

Seguro que muchos os preguntáis dónde me he metido durante estos diez días que no he dado señales de vida, al menos los que no me seguís por redes. Durante este tiempo sólo he podido subir una foto a IG para explicar el porqué de mi ausencia. Estaba ingresada en el hospital, me soltaron antes de ayer. Resulta que una va a urgencias con una cefalea importante, te dejan ingresada más de una semana, te meten un susto diciendo que tienes algo que no sabes ni que existe en el cerebro, luego resulta que se queda en eso, un susto (menos mal), pero hay que hacer seguimiento ambulatorio y te vas una semana después del hospital con el mismo dolor de cabeza con el que fuiste, sin diagnóstico y con el cuerpo lleno de medicinas a modo de coctelera. Fuera de bromas, el dolor de cabeza se concentra en el ojo, así que hasta ahora no me permitía ni escribir, ni a penas leer, ni nada. Mira que soy «la pupas» y me pasa de todo, pero nunca había tenido dolores de cabeza (al menos no de esta manera), ahora entiendo a la gente que sufre de migrañas o cefaleas constantes, lo duro que es. Es de esos dolores que te anulan para realizar casi cualquier actividad.

Bueno que como dije en IG, ni quiero dar pena ni ser alarmista, ha sido un susto que hay que seguir vigilando y que aún no me deja estar al cien por cien, pero bueno «las cosas de palacio van despacio», ya pasará.

Mientras estaba en el hospital mi querida amiga Ana (con la que voy a Portugal cada año en vacaciones), me envió el link de este maravilloso hotel en el Alentejo, consciente de que me iba a gustar o más bien de que se me caería la baba :-) Y es que nuestra semana de retiro en Portugal está a la vuelta de la esquina y el ansia viva puede con nosotras. Ambas disfrutamos descubriendo nuevos lugares de nuestro país vecino.

Se trata del Hotel São Lourenço do Biarrocal, una finca agrícola del Siglo XIX rehabilitada, obra del arquitecto portugués Eduardo Soto de Moura, ganador del premio Pritzker 2011. Los trabajos de remodelación comenzaron en 2008 y no terminaron hasta la primavera del 2016, fecha en la que se inauguró el hotel. Una de sus particularidades es que el recinto es como un pueblo, tiene sus calles, una plaza, edificios, todo ello entre robles, olivos y viñedos, en un enclave envidiable, junto al pequeño pueblo amurallado de Monsaraz y el lago Alqueva.

Se mantuvo la estructura tradicional de calles y manzanas, siete edificios y 40 estancias conforman el hotel. Paredes blancas, suelo de barro cocido, y techos abovedados, aseguran la historia del lugar. En el hotel además de disponer de 780 hectáreas de finca, para uso y disfrute de sus huéspedes, posee su propia granja, huerto, un establo, spa, la espectacular piscina, tienda, sala de juegos infantil, restaurante, bar y bodega (por cierto, además son «pet friendly» por si te da por ir con tu mascota). Además de las habitaciones, cuyos tamaños oscilan entre los 50 y 60 metros, también hay cabañas equipadas hasta el último detalle, salón, cocina, terraza,… para los que prefieran viajar en familia.

El diseño de interiores viene de la mano del estudio AnahoryAlmeida, donde un toque rustico-vintage se deja ver en todos los espacios, pocos elementos pero muy bien definidos y en perfecta sintonía con la arquitectura.

Podéis leer más sobre el hotel en este artículo de El País o ver muchas más imágenes en su página web. Para mí sin duda otro descubrimiento (gracias Ana) para añadir en mi wish list y además tomando las primeras posiciones.

Como os decía al principio del post aún no estoy al cien por cien, así que si en estos días hubiera más ausencias ya sabéis el porqué. Nos vemos…

Imágenes: El País y São Lourenço do Barrocal

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White House & Cabin, Portugal

Cada año para evitar hacer los más de mil kilómetros que separan el pueblo de Soria donde veraneamos de la zona donde pasamos una semana en Portugal, intentamos hacer noche en algún sitio chulo. El año pasado fue Trujillo, el anterior en Portimäo, hace dos en Évora,… así la distancia es más llevadera.

Este verano habíamos pensado pasar un par de días en Lisboa (ya sabéis las ganas que tengo de ir), pero me da que en pleno agosto no es el mejor momento. No disfruto de las ciudades si hace mucho calor, en época estival prefiero otro tipo de turismo.

He encontrado esta maravilla de casa en Comporta, en pleno Alentejo portugués. Está a unos ciento veinte kilómetros al sur de Lisboa y a ciento cuarenta de nuestro destino final. Parece buen sitio para pasar una noche, o dos, o tres,… o ya que estamos, que no me saquen de allí :-) Lo cierto es que me sobraría casa por todas partes (está acondicionada para siete personas), pero soñar es gratis y su diseño ha llamado mucho mi atención.

Soy pesada con el tema, pero esta casa me demuestra una vez más, que no se necesita demasiado para brillar. Y aquí el brillo cobra doble sentido, gracias al blanco inmaculado de todos sus espacios solamente interrumpido por elementos de madera.

Me ha hecho gracia descubrir el altillo. En Portugal son típicas las casas en planta con tejados a dos aguas, por lo que el espacio bajo cubierta se utiliza como zona habitable, normalmente es un dormitorio más. La casa donde iremos este año también lo tiene, ya hemos estado en ella más veces y es ahí donde dormimos mi marido y yo. Es como un nidito de amor, recogido y entrañable, pero no veáis las que lío cada noche cuando me dan ganas de ir al baño. Bajo por esas empinadas escaleras en chanclas (algún día no lo contaré), intentando hacer el menor ruido posible, colocando al salir la mosquitera para que no nos coman los mosquitos, y con el frontal de correr plantado en la frente para darme luz. Vamos que soy todo un show y la magia del altillo se pierde en un momento. Aún así adoro estas casitas sencillas y fieles a su esencia lusa.

Dejo el enlace de esta vivienda pero podéis cotillear los muchos destinos de vacaciones que ofrecen en Boutique Homes. Os aviso, os costará elegir…

¡¡Feliz fin de semana!!

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Imagen portada vía

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