Estudio Bona Nit

Parece que el verano se me ha escapado entre los dedos, como cuando coges arena de la playa y la dejas caer, cae tan rápido que apenas está en tu mano unos segundos. Esa arena que tanto anhelaba y que no ha podido ser, al menos lo que tenía planeado. Pude ver el mar gracias a mis amigos que me regalaron por mi 50 cumpleaños una escapada a Suances, pero mi viaje a Portugal con mi mejor amiga no ha sido posible, las causas son dolorosas así que me las guardo por privacidad.

Aunque ahí afuera esté lloviendo y la sensación sea más otoñal que veraniega, aún nos quedan algunos días para cambiar de estación y prefiero que mi blog siga teniendo look de verano, de ahí la casa que os traigo hoy. Se sitúa en Formentera, es un proyecto de Olga Giménez, del estudio Bona Nit y la decoración es de la firma Let’s Pause.

Se trataba de un antiguo corral transformado en vivienda familiar, pero del que se ha conservado su origen y espíritu tradicional, sobre todo en cuanto a materiales. Paredes encaladas, piedra seca, las maderas, las fibras naturales,… y muchos espacios creados al aire libre para que la vivienda gire en torno a la naturaleza.

El porche te da la bienvenida con su colorido, el verde y el mostaza del marco de la puerta son protagonistas, que destacan gracias al blanco impoluto de las paredes. De dar calidez se encargan elementos como las vigas de madera del techo, los taburetes de hoja de palma o las pantallas de caña trenzadas a mano, todo de Let´s Pause. A continuación encontramos el comedor, muy informal y de estilo marcadamente mediterráneo. En madera, fibras y continuando con el esquema de resaltar las ventanas (esta vez en color azul). Patrón que volvemos a encontrar en la zona de porche y relax familiar.

Entrando en la vivienda, encontramos un recibidor sencillo pero muy impactante. Primero por esas grandes puertas azules y blancas con cuarterones de cristal, le acompaña la banqueta Ponza de Let´s Pause con elementos decorativos que proceden de Marruecos y Turquía. El tándem es perfecto. Desde la entrada pasamos al comedor, de estética mediterránea igualmente. Preside una mesa de madera con dos bancos y sobre ella la lámpara Barbaria que enfatiza más, si cabe, su aspecto rústico.

Junto al comedor, encontramos un sencillo cuarto de estar. Sobre el sofá, coloridos cojines de Bona Nit y como mesa de centro, el modelo Bajadilla realizado a mano y elaborado con madera de álamo. Se han añadido otros complementos como los taburetes, la escalera de madera natural Zahara, o una graciosa cabeza de toro de esparto para completar el conjunto.

En el dormitorio principal se mezclan piezas antiguas con actuales. Tenemos una bonita lámpara de araña que convive con sombreros de paja que adornan alegremente la pared del cabecero, al igual que coloridos textiles. En el dormitorio infantil, se aprovechó el espacio disponiendo literas en L y al otro lado de la habitación, se creó un espacio de almacenaje con un gran banco y cestas de fibras naturales que ayudan a mantener el orden.

Realmente me quedo con ganas de más en este «home tour», estoy convencida que el, o los baños, no me defraudarían, así como tampoco lo haría la cocina, pero no lo enseñan en el reportaje, así que ya puestos me los imagino a mi manera, me quedaría una casa monísima.

Recordad, aún nos quedan unos días de verano :-)

Imágenes Vía: Mi Casa Revista

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Mediterráneamente hablando…

Que levante la mano quién a estas alturas de la película no está con necesidad de desconexión y vacaciones. Algunos ya estarán disfrutando pero tengo claro que no viven en Madrid :-) ¿Qué está pasando con el tráfico de esta ciudad? Si os digo que llevo una semana con una media de 4 horas al volante cada día, ¿me creéis? Os prometo que, si tenéis que coger la A1, la M40 y la A6 cada día, eso es lo que vais a encontrar, obras, coches y atascos en todas partes, ¡qué llegue agosto ya, por favor!

De ahí que siga con casas de verano que, sinceramente es lo más apetecible de ver. Esta se encuentra a las afueras de Barcelona y pertenece a la empresaria de la firma de ropa para embarazadas Paramamá, Julieta Planas. No recurrió a ningún profesional para su decoración, Instagram y Pinterest fueron su inspiración. Por otro lado, los anteriores propietarios ya habían hecho la rehabilitación de esta vivienda que data de 1870, así que dejaron un lienzo en blanco para que Julieta y su marido sólo tuvieran que dar rienda suelta a su imaginación con la deco.

Los colores predominantes son el blanco y el azul, muy asociados al estilo mediterráneo, con toques rústicos en la decoración que compensan la frialdad de los tonos e introducen la calidez mediante las maderas y las fibras naturales. Esta combinación es un acierto seguro para quienes quieran conseguir una casa que transmita esa sensación refrescante y veraniega.

El porche se ha dividido en varias zonas, estar, comedor y un espacio de cocina exterior. La enorme alfombra de fibras de la zona de estar es de Sacum, así como los bajoplatos del comedor, la vajilla de Costa Nova y las copas de Zara Home. Las bonitas butacas son del Taller de Las Indias.

En la entrada ya se aprecia lo que vendrá después, espacios abiertos y despejados, con los muebles justos (sin llegar al minimalismo) y cierto aire orgánico, natural e incluso rústico. Espacios que transmiten paz. El mueble del recibidor es de Malana’s Workshoplo acompaña una gran lámpara de techo de Ay Illuminate, en La Maison.

La madera tiene un gran protagonismo, desde el suelo (en su formato de lamas anchas de roble), pasando por la cocina e incluso los baños. Muchos de los muebles también, son piezas antiguas que se han repartido por las distintas estancias de la casa, como la mesa de comedor adquirida en Mercantic. Las sillas son de Westwing y las lámparas de Catalina House.

En el salón, la propietaria se decantó por un fresco lino blanco en los sofás, que son de Maison du Monde, acompañado de cojines en tonos azules de La Maison y otros de rayas de Sira Barcelona. Para contrastar con el blanco que predomina en la estancia, se colocó una mesa de centro de madera que le da calidez, es del Taller de Las Indias.

Y llegamos a la habitación que más me gusta: la infantil, aunque realmente no tiene nada de infantil, pero está reservada a las pequeñas de la casa. Las carpinterías y viguería original de la casa se mantuvieron y se pintaron de blanco como el resto, así mantiene su carácter arquitectónico a la vez que queda integrado en el resto de la casa. La decoración como veis es muy sencilla, dos grandes camas vestidas con fundas nórdicas de La Redoute, se complementan con dos alfombras a pie de cama, plaid y cojín sobre la silla Acapulco de Zara Home. La estantería y las cestas son de Sacum.

El dormitorio principal mantiene el mismo estilo decorativo, con funda nórdica y cuadrantes de Filocolore, los cojines son de La Maison y Sira Barcelona. A los pies de la cama, banqueta de fibras de Tine K Home y escritorio de herencia. En esta habitación también se puede apreciar los elementos modernistas en las vidrieras de las ventanas que la propietaria decidió mantener y que además, le dan carácter al dormitorio. Detalles también como las baldosas de la escalera que datan de 1870, casualmente en blanco y azul, son toques diferenciadores que elevan la vivienda de categoría y la hacen más especial.

¿Qué os parece la casa? ¿No os resulta apetecible para el verano?…

Fotografía: Stella Rotger para El Mueble / Estilismo: Olga Gil-Vernet

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Sevilla tiene un color especial…

Quizás hoy esperabais un post sobre compras para San Valentín, reconozco haberlo hecho algún año, pero la realidad es que en esta casa no lo celebramos, como tantas otras fiestas que pensamos que son fruto de modas, de algo impuesto y del marketing que hay en torno a ellas, porque si estás enamorado lo estás cada día, no hace falta uno en especial para demostrarle a tu pareja lo que significa para ti. Es mi opinión, aunque por supuesto respeto a todo aquel que lo quiere celebrar, sobre todo porque celebrar, sea lo que sea, nos produce felicidad. Así que cada cual libre de hacer lo que le salga del corazón, y nunca mejor dicho.

A mí me sale traer una casa que tenía guardada en borradores desde hace muchos meses, que quizás os sorprenda o no os guste a todos, pero que seguro no os dejará indiferente. Lo que no me podréis negar tras verla, es que transmite muy buen rollo.

La vivienda se sitúa en Carmona, Sevilla, en un edificio Mudéjar del Siglo XVII. Las obras de rehabilitación estuvieron a cargo de José Manuel Caraballo y el interiorismo es de Javier González Sánchez-DalpDurante dichas obras, salieron a relucir grandes tesoros como una capilla y es que, éste había sido lugar de asentamiento de monjes Jerónimos durante el siglo XVII. En el patio también se encontró una cueva natural con columnas de mármol y piedra y su arquería original.

El interiorismo se completó con la más pura estética andaluza. Suelos de barro y piedra, paredes de cal, estucos, colores representativos de la tierra (verdes, blancos, rojos), complementados con bellas antigüedades mayoritariamente de los Siglos XVII y XVIII de distintas procedencias (Francia, Turquía, Marruecos, España e Inglaterra), pero sin llegar a caer en lo Barroco o el maximalismo, gracias al equilibrio estético con aquellas piezas de procedencia local.

El tour de la vivienda empieza en el patio interior con alberca, quizás mi lugar favorito de la casa. Allí podéis ver una gruta calcárea natural por la que se accede a un salón con bodega. Todas las columnas del patio también salieron a la luz tras la rehabilitación, estaban escondidas tras los tabiques de una antigua galería.

La zona de estar de la vivienda como veis en un mix de telas, texturas, cerámica, arte, bañado por una gran cantidad de luz natural procedente del patio. Allí conviven cerámicas de Talavera, cuadros de Luis Montes, Juan Fernández Lacomba, Carmen Larrañaga o el de gran formato, de Javier Sánchez-Dalp Marañón. Mezcla de estilos como las butacas del fondo (una francesa y la otra Isabelina), mesitas marroquíes y por supuesto, las tapicerías que son todas distintas, de Atelier 66 y María Terry. A mí al menos, me parece un «popurrí muy bien avenido».

Me encanta la zona donde se ha situado el despacho, a las espaldas del sofá y delimitado por los arcos, que lo separan visualmente. A la mesa rústica española de despacho, le acompaña un sillón de iglesia del Siglo XVIII y bajo ellos, una alfombra alpujarreña.

El pasillo es otro de mis espacios favoritos, una larga alfombra marroquí nos lleva hasta un antiguo armario de la misma procedencia, se combinan con una cortina turca que resalta las puertas blancas recuperadas. Ese pasillo es la antesala de lo que está por llegar, una cocina que te deja sin palabras. En verde y blanco con un frente de azulejos de Manises del Siglo XIX, sobre la viga una colección de cerámica popular española y en el centro del espacio, una mesa tocinera que acentúa el carácter rústico del espacio.

En el comedor volvemos a ver una representación de distintos países formando un mix perfecto. Telas francesas y argentinas, lámpara marroquí, sillones de mimbre artesanales y cerámica antigua. Cómo no, el arte sigue presente, esta vez a través de artistas sevillanos.

En el dormitorio, en lugar de ocultar las vigas se pintaron de verde para destacar el tejado a dos aguas. De nuevo las telas toman protagonismo, desde el cabecero entelado, al baúl en toile de jouy antiguo, las mantas de La Alquitara o la alfombra marroquí.

El dormitorio de invitados no puede ser más divertido, dos camas en laca china color rojo con dibujos goyescos del Siglo XIX, son las indiscutibles protagonistas. A los pies de estas, dos sillas francesas compradas en Ana Abascal y Patricia Medina. Las alfombras, llenas de colorido también, son turcas.

Y hasta aquí el tour de hoy. Me encantaría saber vuestra opinión, sé que es algo distinto a lo que suelo poner por aquí, pero estoy convencida de que hay que acostumbrar a la retina a ver cosas diferentes y no encasillarnos en un único punto de vista, quizás te sorprendas de cómo pueden variar tus gustos o aceptes nuevas ideas que hasta ahora ni siquiera te las habías planteado…

Imágenes: Elle Decor

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En recuerdo a Victoria Melián Randolph

Ojalá no tuviera que empezar con este post la temporada y no es por no hablar del estudio Melián Randolph y de sus proyectos, de los cuales ya he escrito en numerosas ocasiones en el blog, es que esta semana nos dejaba Victoria, que junto a su hermana Sylvia, formaban un tándem perfecto del interiorismo de este país. Y es que a pesar de ser conocedora de su enfermedad, la veía bien en las redes así que pensé que lo había superado y la noticia me ha caído como un jarro de agua fría.

A pesar de la admiración que siento a nivel profesional, tengo que decir y agradecer que en su día, abrieran las puertas de su despacho para mí, interrumpieran sus apretadas agendas para sentarse conmigo y darme consejos, algún contacto también, nunca voy a olvidar esa generosidad que no todos los «grandes» de esta profesión u otras disciplinas, dedican a personas anónimas como yo.

Ambas hermanas empezaron su andadura profesional por separado, Victoria, como decoradora en Nueva York y Sylvia como estilista, hasta que en el año 2000 decidieron aunar conocimientos y abrir su propio estudio.

Si he elegido este proyecto en concreto es porque creo que creo que les identifica bastante. Está ubicado en la Serranía de Ronda y justamente Andalucía, fue el lugar que las vio crecer.

Sus trabajos, aunque ajustados siempre a las necesidades del cliente, tienen puntos en común. Apuestan por ambientes cálidos y acogedores, pero con toques arriesgados. En sus proyectos nunca falta la artesanía, el arte, el respeto por la arquitectura local, las ricas telas o papeles pintados, las grandes alfombras, las antigüedades, las piezas orientales o marroquís, y los contrastes con otras de corte contemporáneo.

Son unas auténticas maestras de combinar culturas, colores, texturas,… fruto de haber vivido en varios países, haber viajado mucho, de patear museos, rastrillos, ferias, etc. todo ese poso que va quedando y que hace que te nutras de tantas cosas, que sepas crear armonía en la mezcla como pocos saben hacerlo.

Se nos ha ido una de las grandes, estoy segura de que su hermana Sylvia y el resto del equipo que compone el estudio, seguirán llevándolo a lo más alto. Adiós Victoria, te conocí poco pero me demostraste mucho. Descansa en paz y mucho apoyo desde aquí para toda la familia.

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Una moderna granja en blanco, negro y madera.

Esta casa la tengo guardada en borradores desde hace un año, nunca veía el momento de publicarla porque como comprobaréis el post será un poco largo. Puedo haberla visto unas veinte veces y nunca me canso de ella.

El binomio blanco y negro es el protagonista y sólo las carpinterías de madera, hacen de contrapunto para dar calidez al conjunto. Bueno, podríamos añadir alguna pincelada de verde en la vegetación, pero hasta ahí llegan las licencias de color.

Perdonaréis también la avalancha de fotos, pero la casa no es precisamente pequeña y hay tantos detalles que ver, que merece la pena pararse en cada rincón y observar los material, las texturas, cada complemento,… porque justo en estos espacios donde parece todo lo mismo, es donde hay que prestar más atención a los detalles, porque es ahí donde radica la grandeza de los espacios.

Se trata de una granja de nueva construcción ejecutada por Timber Trails Development Company y diseñada por Julie Howard. La entrada ya es toda una declaración de intenciones, preludio de lo que encontraremos en el resto de la vivienda. Tanto la puerta de la entrada como las de paso, y muchos elementos de la casa, están pintados con el color «Wrought Iron» de Benjamin Moore, contrarrestando el color con un bonito papel pintado con motivos geométricos de la firma Thibaut.

De ahí se accede a un despacho diseñado por la interiorista. Son armarios de cocina sobre los que se instala una original librería de roble, donde los estantes quedan ocultos hacia el interior por lo que la visión de los mismos es mucho más ordenada, a pesar de ello, éstos se han rellenado con cajas negras manteniendo la estética mucho más limpia. El papel pintado es de la misma firma que el de la entrada.

Y pasamos al comedor, donde destaco un par de cosas. Por un lado el techo pintado del mismo tono que las puertas, hay varios motivos por el que en este caso, no se empequeñece el espacio. Primero gracias a las molduras de la pared, que visualmente la estilizan, segundo por la altura de los techos y tercero, por la gran cantidad de luz natural que recibe el comedor. Hay otra cosa que me encanta, y es que en lugar de poner sillas alrededor de la mesa, en las cabeceras se han dispuesto dos sillones orejeros (apuesto a que una sobremesa en ese comedor puede ser infinita, sobre todo si ocupas esas dos butacas). Y lo tercero, los dos árboles que flanquean la mesa dando el toque verde, me parecen ya la guinda del pastel.

Entre comedor y cocina, en una zona de paso, nos encontramos con un mueble realizado a medida tipo buffet. Es un concepto parecido al del despacho, pero esta vez está pintado íntegramente con el color oscuro predominante en la casa, excepto las baldas y la encimera que son de madera. La trasera está cubierta por un espejo donde se refleja casi toda la planta baja de la casa.

La cocina se creó clásica pero funcional, con una gran isla central que invita a reunirse. La zona de trabajo, se protegió con cerámica de mármol de Carrara que le da ese punto de tradición con el toque rústico a la vez. Además de armarios altos, se pusieron algunas zonas de baldas voladas para crear más dinamismo y personalidad. En la cocina también podemos ver un espacio destinado a desayunos o comedor informal junto a la ventana,

El cuarto de estar, recuerda mucho al comedor formal, la simetría, los árboles a ambos lados de la estancia, el predomino del blanco con el toque del verde, diría que es casi una réplica. Tanto el sofá como el sillón de lectura son de Ikea.

He sentido cierta envidia al ver el cuarto de lavado. No por el hecho de tenerlo, que yo también tengo uno y bien grande, sino por ser como es. Quizás será que le tengo manía a la acción de lavar y planchar, y por tanto es una habitación a la que no le he dado importancia a la hora de decorar, e igual se me haría más amena la tarea si me rodeara de cosas bonitas (¿o quizás no? :-)) En cualquier caso, de esta zona de lavado quiero destacar el suelo, se llama Ikat Tile de Annie Selke para Tile Shop.

De los baños y del dormitorio principal, poco que decir. Excepto por esa bañera exenta del baño en suite, no le haría ascos la verdad, pero en general me han gustado más otras zonas de la casa. Creo que el baño que más me ha llamado la atención es el aseo de cortesía, ¿qué me gustarán a mí unos buenos paneles pintados? ¿Y quién dijo que un espacio pequeño no podía pintarse de negro?, ahí tenéis la prueba, con luz natural todo es posible.

Y para terminar con este largo tour, llegamos a esa zona que ojalá existiera en las casa españolas y tan típica de las americanas, el «mudroom», donde colgar los abrigos al llegar a casa, dejar mochilas, descalzarse,… en definitiva, el sitio de los trastos que te permite que el resto de la casa se vea despejada.

Y hasta aquí la casa, o mejor dicho la granja, de hoy ¿qué os ha parecido? A mí, aunque me sobran espacios y algunas piezas deco no me van (como muchas de las lámparas, que las cambiaría por otras sin dudarlo), me resulta un remanso de paz. Espero que lo disfrutéis, aunque sea por fascículos porque menudo post más largo, sorry :-)

Imágenes: Beautiful Homes

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Vivir en el campo…

Es un hecho, cada vez son más las personas que han decidido trasladarse a vivir al campo, a zonas rurales, e incluso a lo que llaman «la España vaciada». Mi marido y yo pensamos que de no ser por nuestras circunstancias, la familia y sobre todo por nuestras hijas, que en breve necesitarán académicamente las oportunidades que Madrid puede ofrecerles, diríamos «hasta luego Lucas» a esta casa y nos iríamos al pueblo. Quizás con lo friolera que soy y la crudeza del invierno de las altas tierras sorianas, saldría poco de casa, pero qué más da, con la venta de la de Madrid ya me encargaría de tener la vivienda mejor acondicionada de todo el pueblo. Luego no sé de qué viviría después, pero eso ya es otro cantar ;-)

Hoy os llevo a una casa en el Pirineo. En ella, la interiorista Cuca Arraut ha mezclado con acierto el estilo rústico, con toques ingleses y también industriales, sin dejar de lado la luz.

El primer lugar donde mi vista se ha detenido ha sido en la chimenea. Listones de roble envejecido para cubrir el tiro (son los mismos que el suelo), así como las baldas, que le dan el toque rústico, pero a su vez la forja de la chimenea y la repisa, ponen el toque industrial y para dar un punto más de contraste, tenemos el papel pintado de Gancedo que simula al tartán (típica tela escocesa a cuadros). Sólo el diseño de esa pared, ya es para aplaudir.

En el comedor vemos algo parecido. A pesar de ser una casa de montaña, las sillas se han elegido de mimbre para aligerar, mientras la lámpara de Faro, es de hierro. Las cortinas venecianas de madera, permiten regular la entrada de la luz a la vez que aportan calidez.

Si os fijáis tras el comedor hay un cerramiento, algo similar a un «mudroom» donde dejar abrigos, botas, etc. cuando llegas del campo. Ese espacio no existía como tal, sino que el recibidor era tan grande que decidieron cerrar por la parte de la cocina para poder tener un office. Ahora pueden disfrutar de una zona de entrada, de un comedor en el salón y detrás del panelado que se hizo en el mudroom donde está el banco, ahora está la cocina completa con office (todo eso era el antiguo recibidor, menudo desperdicio). El mobiliario de la cocina, que en este caso sí se quiso hacer más campestre, es de Cuines i banys Prisma, aunque se realizó con un acabado en gris muy actual.

El papel pintado hace de conexión entre las dos plantas, vistiendo las escaleras. La alfombra del dormitorio principal, de la que me he enamorado, es de IDdesign y el banco, como muchas de las piezas de la casa de Sacum. No sé si dormir bajo una ventana Velux es para mí lo mejor, porque me despierto con cualquier pequeño ápice de luz, pero puedo imaginar lo que debe ser tumbarse cada noche en esa cama y ver las estrellas, lo más.

Las habitaciones infantiles están hechas para compartir, entre hermanos y con amigos, aunque también pensadas para un futuro por si se quieren separar. Los textiles son de Filocolore, alfombras de Lorena Canals y apliques de Faro. El remate fue encontrar el suelo del baño de los niños, un pocelánico que casualmente también imita la tela de tartán, de Neocerámica. El remate perfecto para terminar con este home tour.

Y vosotros ¿Sois de campo o ciudad? ¿Os han hecho las circunstancias plantearos algún cambio? Os escucho…

Imágenes: El Mueble / Fotografía: Stella Rtoger / Estilismo: Carmen Figueras

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Estoy de vuelta…

Desde que empecé a escribir el blog en 2009, es la primera vez que me voy de vacaciones sin decir tan siquiera un hasta luego. La realidad es que mi pensamiento era otro, ir al pueblo para seguir teletrabajando desde allí, pero en mi fuero interno sabía que en cuanto pisara los pinares y viera a mis amigos, no tendría ganas de abrir el portátil para nada. Eso sumado a que no tenía Wifi, era la excusa perfecta. Así que los primeros días algo hice, respecto a un proyecto de interiorismo que tengo entre manos, pero en cuanto mis clientes también se fueron de vacaciones, ahí acabó todo. El blog ni tocarlo y en Instagram algún que otro post, más de mis excursiones que de decoración, he subido historias eso sí, hasta que me quedé sin datos.

Creo que si el verano ha sido así es porque mi cuerpo lo pedía. Ha sido un año muy duro para todos y seguimos con la incertidumbre de lo que pasará en los próximos meses, así que me he permitido vivir el día a día. He caminado mucho, y muy rápido también (mis amigos se reían de mí y se escondían en el monte para asustarme al verme sola), no es que quisiera hacerme la «Fittipaldi», creo que esa manera de caminar iba asociada a mis pensamientos, no sé de qué huyo pero estoy inquieta y caminar deprisa me relaja.

Total, que he tenido vacaciones escolares, como las de antaño. Me fui un 10 de julio y volví el 30 de agosto y si no hubiera sido por este proyecto de interiorismo en el que ando metida, hubiera podido quedarme con mis hijas en el pueblo alguna semana más, ya que como sabéis el comienzo del curso también se ha aplazado (al menos en Madrid). Mañana vuelvo a mis pinares, sólo de fin de semana, habrá que ir quitándose el mono poco a poco.

¿Qué tal ha ido vuestro verano? Espero que este año «raruno» os haya permitido cogeros días de descanso y desconexión, todos lo necesitamos después de lo vivido, bueno y de lo que seguimos viviendo, desgraciadamente.

Cómo no, tenía que arrancar septiembre con una casa de campo, un maravilloso diseño de Jeanette Tresing, de Cado Interiors. Una vivienda rehabilitada, de planta abierta a la que se le ha añadido un cerramiento de hierro y cristal en la zona del office de la cocina (inspirado en un invernadero) haciendo de ésta una estancia más grande y luminosa. La zona de trabajo y los muebles, realizados en pino reciclado y hierro, se han enmarcado con una alfombra de baldosa hidráulica, que lo diferencia del resto de la vivienda cuyo suelo es en madera de roble. La fluidez entre interior y exterior es perceptible desde cualquier punto de la vivienda, además de los grandes ventanales los textiles juegan a favor. Se han utilizado finas cortinas de lino que dejan pasar la luz y no pesan visualmente.

La casa se sitúa en el Maresme, y desde el porche se puede ver el mar. Todos los elementos del jardín están disponibles en Cado, en HK Living (como el columpio o las sillas de comedor), o Matèria (los cojines).

Y sinceramente lo que más ha llamado mi atención, quizás porque este verano mi casa del pueblo se ha convertido en un pequeño hostal, ha sido la habitación infantil. ¿Cuántas veces he pensado lo grande que es la habitación de mis hijas y la de niños que cabrían en ella sin tener que hacer malabarismos con las camas? Me vendría bien tener un sistema de literas como las de la última imagen ¿O quizás no? Tendría siempre la casa llena, ja, ja,… Lo tengo que sopesar…

Imágenes vía

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De cuadra a casa rural…

Sin duda Asturias se encuentra entre mis lugares favoritos de España porque aúna todo lo que más me gusta: mar, montaña, excelente gastronomía y buena gente. Si le tuviera que poner un «pero» quizás sería la climatología, no soy muy fan de la lluvia y allí nunca se sabe cuándo te caerá un chaparrón. Mi marido y yo siempre fantaseamos con vender nuestra casa en el futuro y buscar un sitio para jubilarnos y a pesar de tener una segunda residencia en un pueblo de Soria, que nos encanta también, siempre hablamos de que Asturias o Cantabria serían los destinos elegidos. Pero para eso queda mucho, que aunque la semana que viene es mi cumpleaños y ya no soy una jovenzuela, tampoco estoy como para jubilarme (y menos mi marido, que es más joven).

«Bicheando» por la revista El Mueble he encontrado esta maravillosa cuadra de 1750 convertida ahora en casa rural y tenía que compartirla, sobre todo este año que creo que nuestro turismo, más que nunca, debería ser nacional. Intentaré siempre que pueda y  encuentre un sitio que merezca la pena, enseñároslo y si con esto consigo que tan sólo una persona se interese por visitar uno de estos sitios me doy con un canto en los dientes, porque habré aportado mi pequeño grano de arena a un sector que lo está pasando mal.

Esta preciosa villa de finales del siglo XVIII, llamada La Casona, se encuentra en Lledías (muy cerca de Llanes y Ribadesella), a tan sólo cinco minutos de la playa y bajo los Picos de Europa ¿Puede haber enclave mejor? Está rodeada por una finca de 10.000 metros cuadrados y en ella se emplazan dos casas, una principal y un anexo.

La casa principal cuenta con 4 dormitorios dobles divididos entre sus dos plantas, una gran cocina con office y comedor, aseo y dos salones. La casita, además, cuenta con otros dos dormitorios en su planta superior y un gran salón de cien metros cuadrados en la planta baja. Todo ello con impresionantes vistas al exterior.

La propietaria, junto al constructor Antonio Peláez, que adquirió lo que en principio era una cuadra que llevaba 72 años cerrada, consiguieron hacer la transformación en tan sólo seis meses de obra. Se respetaron muchos de los elementos originales, e incluso algunos se dejaron sin tratar (como las paredes de la planta superior que era el pajar y sencillamente se pintaron de blanco), pero también se añadieron otros elementos que le otorgan a la vivienda algo de modernidad. Nada más entrar nos encontramos un cerramiento de hierro que produce un efecto invernadero y baña la entrada de luz, ese mismo hierro lo encontramos en vigas que conviven perfectamente con las antiguas de madera, también se puede ver en las barandillas curvadas de la escalera. El cemento cobra protagonismo tanto en la chimenea como en los suelos, es otra manera más de hacer los ambientes modernos a la vez que no pierden su esencia rústica propia de la casa.

En cuanto al mobiliario, se buscaron firmas frescas, sencillas, que comulgaran bien con la filosofía de estos espacios, así, encontramos ropa de cama de Zara Home, textiles del El Corte Inglés o de Deco&LIving, diversas piezas de Becara, tapicerías de Gancedo o sofás del Taller de las Indias. Todo ello tiendas cuyo abanico de productos pueden cuadrar tanto en una casa urbanita como en una de campo, en ésta en concreto diría que la elección ha sido perfecta.

Por favor no perdáis detalle del baño cuyo lavabo se encuentra en el centro del espacio sobre un velador ¿puede ser más original?

Os dejo que visitéis la casa con calma y me digáis si no os dan ganas de hacer las maletas ya…

Imágenes: Villa Club y El Mueble

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En la montaña…

En circunstancias normales, esta semana no habría post, estaría como cada año disfrutando de mis vacaciones de Semana Santa en mi pueblo de Soria, rodeada de amigos y familia, pasando los días entre pinares. Si antes ya era consciente de lo afortunada que era en ese sentido, creo que ahora, el día que podamos volver, lo valoraré aún más si cabe. Quizás me pase el verano abrazada a un pino :-) Imagino que la mayoría de vosotros estáis igual, aunque peor debe ser el sentir de aquellos lugares donde la Semana Santa no sólo es un periodo vacacional, sino que tiene un profundo arraigo religioso. Supongo que cada cual lo lleva a su manera, no nos queda otra.

Como echaba de menos mi pueblo, he buscado una casa rústica en la montaña, algo que me recordara a la mía (salvando las distancias claro, ya me gustaría). Pero el concepto de la piedra, la madera y el campo, instintivamente me ha llevado a pensar en mi pequeño paraíso.

Esta vivienda se encuentra en la Cerdaña y es un proyecto de Carla Catalán, de Alto Interiorismo. En el exterior, la piedra, la pizarra y la madera, hacen que todo fluya con el entorno. De igual manera, en el interior se le ha dado protagonismo al blanco y a los tonos piedra para que nada resalte, que todo estuviera conectado cromáticamente de tal manera que el verde del paisaje siempre fuera el punto focal.

Hablamos de una casa de unos 250 metros cuadrados distribuida en dos plantas. En la superior se encuentran los dormitorios y los baños y en la planta baja encontramos el salón, comedor y cocina, en un mismo espacio y un aseo de cortesía. Del salón se accede al porche con zona de estar y otra estancia para comer.

Me encanta la planta baja, el salón no puede tener mejores vistas. Un truco que también utilicé yo en el pueblo es disponer de un gran sofá en «L» para disfrutar de más capacidad de asientos, pero lo importante es que tenga el respaldo bajo y así no interrumpir las vistas hacia el exterior, como el que vemos en la imagen. La mesa de comedor de esta casa es de mis piezas favoritas, es de castaño e impresiona ver sus nudos, sin duda maravillosa. Las sillas se tapizaron con la misma tela de los sofás para mantener la continuidad visual de la que os hablaba antes (si os fijáis hasta la encimera de Neolith de la cocina también es de este mismo color gris piedra).

En el segundo piso encontramos los dormitorios, el infantil compartido con altillo incluido, zona de estudio y armario en la parte inferior. Es la única zona donde se ha permitido una pequeña licencia de color, un malva muy suave en la zona de escritorio para estimular la creatividad de las niñas. Junto a él, encontramos el dormitorio principal, un remanso de paz, decorado tan sólo por un preciso cabecero de lino gris, dos bancos de madera de roble a pie de cama, un tronco a modo de mesilla de noche y dos lámparas colgantes que enfatizan la altura de los techos. No se necesita más.

¿Os ha gustado esta casita de campo? ¿Echando de menos vuestros destinos vacacionales? Me encantaría que me dejéis algún comentario y saber que todo va bien. Ánimo que ya queda menos…

Imágenes vía

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Casas del Naval. Las Encinas

Si lleváis tiempo conmigo, sabréis que cada año hago alguna escapada con amigas, dos para ser exacta. Una con las de cole, este año ya tenemos cerrado el viaje y nos vamos a Salamanca a finales de febrero. Y la otra, con mi grupo de amigas de siempre. Planificar este fin de semana es más complicado porque somos más chicas y muchas no viven en Madrid, por lo que hay que pensar en aquellas que tienen que coger tren o avión, o en el caso de que viajen en coche, que la distancia no sea excesiva para ellas. Otra cosa todavía más complicada si cabe, es planificar nuestras agendas, buscar una fecha que nos encaje a todas siempre es complicadísimo. Seguro que a muchos os suena esta situación.

Si por mí fuera, y así se lo haré saber a ellas, el destino estaba elegido ya. Cuando he descubierto esta finca rural, ha sido amor a primera vista. Hay algo que para mí no puede faltar cuando nos vamos de fin de semana, si no hay playa necesito piscina, y la de esta casa de agua salina con vaso desbordante, me está pidiendo a gritos unos largos. Ni que decir tiene que nuestros viajes siempre son al comienzo de la época estival, cuando los primeros baños se cogen con muchas ganas y tumbarte a tomar el sol es casi una necesidad.

Las Casas del Naval son tres fincas que se encuentran al pie de la sierra de Gredos, en su pico más alto (El Almanzor), en la comarca de La Vera (Extremadura), a tan sólo dos horas de Madrid. De las tres casas, hay una que está en construcción y entre las otras dos, me quedo con Las Encinas (aunque todas tienen su encanto).

Para aprovechar el desnivel del terreno, está dividida en dos alturas y dos naves. En la planta superior encontramos tres dormitorios dobles, uno de ellos en una nave y los otros dos, en la otra. El primer dormitorio, el de matrimonio, cuenta con cama de 160 cm, vestidor y baño en suite, además de un cuarto de estar donde hay un sofá cama adicional. Los otros dos dormitorios son dobles, con camas individuales, aunque en uno también hay un altillo con dos colchones extra. Ambas habitaciones comparten un baño completo.

Para llegar a la planta baja, accedemos por una escalera cuyo techo es de cristal, por lo que recibe mucha luz natural. En una de las naves encontramos un gran salón con chimenea exenta y en la otra, la cocina y el comedor, además de un baño extra con ducha.

La casa se encuentra rodeada por un gran jardín con varios ambientes. La zona orientada al sur tiene una gran pérgola con mesas y sillas. En la zona que da al salón y al comedor, podemos disfrutar de las vistas de la alberca con vaso desbordante, de 10 metros de largo por 3 de ancho y borde de granito, está rodeada además, de amplias zonas para tomar el sol.

La casa sigue los patrones de la arquitectura de la zona, construida con materiales naturales, como las vigas de madera, los suelos de barro, madera o granito y las paredes en yeso. Como veis está decorada de forma rústica y tradicional, lo que la hace muy acogedora (casi que con el chéster del salón frente a la chimenea, ya me habían ganado), luego he visto la cocina de madera y el comedor con modelos de sillas diferentes, con divertidas telas de dibujos en colores geométricos, las vigas de madera y la lámpara de fibras ¿cómo no enamorarse? Los dormitorios son una mezcla de piezas antiguas, con otras más nuevas y frescas (como los cabeceros de bambú), confortables telas como el lino y el algodón, diría que en cualquiera de esas camas se debe dormir bien. Aunque si os cuento un secreto, allá donde vayamos siempre me toca la cama de matrimonio, mi amiga Ana y yo formamos un pack indivisible, nos conocemos desde la más tierna infancia y nuestra amistad es casi como si fuéramos familia (hermanas, primas,… da igual, porque no nos pueden separar :-)), así que siempre dormimos juntas, aunque no revueltas ;-).

Echad un ojo a la casa y decidme si no tenéis las mismas ganas que yo de hacer un kit-kat de fin de semana e ir a probar esta maravilla. En cuanto publique el post, lo primero que voy a hacer es pasar el link a mis amigas, a ver si vamos buscando fecha y les gusta la idea de alojarnos en Las Encinas. ¡Ah! no os lo he dicho, pero de precio también está fenomenal. Espero tener suerte y poder ir, ya os contaré…

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