3 Tiendas que deberías conocer

He tenido que esperar un tiempo para compartir estas tiendas con vosotros, estaba ansiosa la verdad, pero tenía que aguardar a que una de ellas diera su pistoletazo de salida. En esta ocasión no os negaré que tengo motivos personales por los cuales les dedico hoy este post, pero que conste que nadie me ha pedido nada, es más no lo saben, quiero que sea sorpresa.

Si me seguís en redes sociales sabréis que cada jueves un grupo de blogueras hacemos un reto al que llamamos #lomust. Cada semana elegimos un tema decorativo (salones, dormitorios, arte, iluminación,… hemos hablado de muchas cosas ya) y subimos a IG aquella foto que nos inspira, que refleja nuestros gustos y la comentamos (por cierto si queréis participar estamos encantadas de que nos deis vuestra visión utilizando el hashtag #lomust, cuantos más seamos mejor). El caso es que en este grupo de blogueras (Decoralinks, LineaR, Casa Saboya, Loft & Table, Melon & Co. y yo Decofeelings), dos de ellas tienen tienda: Paula de Loft & Table, con su tienda Okenua y Bea de Melon & Co. con su recién estrenado Voilà.

La tercera tienda que os traigo, aún no conociendo a los propietarios, también tiene algo que la hace especial para mí. Se llama Casa Atlântica y sus artículos respiran aires lusos, así que como me recuerda a Portugal, fue descubrirla y sentir amor a primera vista. Curiosamente la conocí buscando un regalo para mi amiga Ana, son las golondrinas de cerámica que veréis en la primera imagen.

Paso a contaros un poco sobre cada una bajo estas líneas. Espero que os gusten tanto como a mí, por supuesto que visitéis sus webs para ver el resto de artículos y ya si compráis algo, estaría la mar de bien :-)

Voilà

Como os decía es la recién estrenada, tanto es así que ayer mismo Bea la daba a conocer en su blog Melon & Co. Próximamente ella y su familia se trasladan a vivir a un pequeño pueblo de la costa de Bretaña en Francia y sus productos son fruto de una mimada búsqueda de piezas tanto en el país vecino como de la zona del Mediterráneo.

En la tienda encontraréis una bonita selección de textiles para salón, dormitorio y comedor, 100% de algodón, cerámica de arcilla artesanal, alfombras también 100% de algodón lavables, y objetos de decoración hechos de manera artesanal con hoja de palma o rafia y por último pequeñas piezas de mobiliario en madera. Pasen y vean:

Okenua

Okenua Concep Design Store, es la tienda de Paula y su hermana Carol. Paula mi amiga, es la autora del blog Loft & Table, pero además es el alma decorativa y comercial de Okenua. Por su parte Carol, como diseñadora industrial, desarrolla su creatividad allá donde haya algo que pintar. Sus ilustraciones poco convencionales te atrapan nada más verlas, los motivos marineros están muy presentes, pero el abanico va mucho más allá.

La tienda está llena de productos originales: vajillas, camisetas y sudaderas, textil para el hogar, bolsos hand made, y todo ello artesano, pintado a mano con materiales respetuosos con el medio ambiente. No sólo dirigen su venta hacia el particular, si por ejemplo eres restaurante y quieres poner un punto original a tu mesa, ya estás tardando en contactar con Paula :-)

Casa Atlântica

Por último Casa Atlântica, como os decía en este caso no conozco a sus propietarios, encontré la tienda en IG buscando las golondrinas de cerámica y enseguida me enamoré. Por otro lado los artículos son objetos cotidianos de Portugal y Galicia (lugar de origen de los dueños de la tienda), así que al verlos me recuerda a mis veranos en «portu».

La marca apuesta por los oficios artesanos y tradicionales, encontramos en ella objetos de mimbre, madera, cerámica, textil, iluminación, etc. Curiosamente la tienda física no está en la costa Atlántica, sino en la Mediterránea (concretamente en Barcelona) pero también se puede comprar online.

¿Os animáis con alguna de las tres?…

Imagen portada: Casa Atlântica

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São Lourenço do Barrocal

Seguro que muchos os preguntáis dónde me he metido durante estos diez días que no he dado señales de vida, al menos los que no me seguís por redes. Durante este tiempo sólo he podido subir una foto a IG para explicar el porqué de mi ausencia. Estaba ingresada en el hospital, me soltaron antes de ayer. Resulta que una va a urgencias con una cefalea importante, te dejan ingresada más de una semana, te meten un susto diciendo que tienes algo que no sabes ni que existe en el cerebro, luego resulta que se queda en eso, un susto (menos mal), pero hay que hacer seguimiento ambulatorio y te vas una semana después del hospital con el mismo dolor de cabeza con el que fuiste, sin diagnóstico y con el cuerpo lleno de medicinas a modo de coctelera. Fuera de bromas, el dolor de cabeza se concentra en el ojo, así que hasta ahora no me permitía ni escribir, ni a penas leer, ni nada. Mira que soy «la pupas» y me pasa de todo, pero nunca había tenido dolores de cabeza (al menos no de esta manera), ahora entiendo a la gente que sufre de migrañas o cefaleas constantes, lo duro que es. Es de esos dolores que te anulan para realizar casi cualquier actividad.

Bueno que como dije en IG, ni quiero dar pena ni ser alarmista, ha sido un susto que hay que seguir vigilando y que aún no me deja estar al cien por cien, pero bueno «las cosas de palacio van despacio», ya pasará.

Mientras estaba en el hospital mi querida amiga Ana (con la que voy a Portugal cada año en vacaciones), me envió el link de este maravilloso hotel en el Alentejo, consciente de que me iba a gustar o más bien de que se me caería la baba :-) Y es que nuestra semana de retiro en Portugal está a la vuelta de la esquina y el ansia viva puede con nosotras. Ambas disfrutamos descubriendo nuevos lugares de nuestro país vecino.

Se trata del Hotel São Lourenço do Biarrocal, una finca agrícola del Siglo XIX rehabilitada, obra del arquitecto portugués Eduardo Soto de Moura, ganador del premio Pritzker 2011. Los trabajos de remodelación comenzaron en 2008 y no terminaron hasta la primavera del 2016, fecha en la que se inauguró el hotel. Una de sus particularidades es que el recinto es como un pueblo, tiene sus calles, una plaza, edificios, todo ello entre robles, olivos y viñedos, en un enclave envidiable, junto al pequeño pueblo amurallado de Monsaraz y el lago Alqueva.

Se mantuvo la estructura tradicional de calles y manzanas, siete edificios y 40 estancias conforman el hotel. Paredes blancas, suelo de barro cocido, y techos abovedados, aseguran la historia del lugar. En el hotel además de disponer de 780 hectáreas de finca, para uso y disfrute de sus huéspedes, posee su propia granja, huerto, un establo, spa, la espectacular piscina, tienda, sala de juegos infantil, restaurante, bar y bodega (por cierto, además son «pet friendly» por si te da por ir con tu mascota). Además de las habitaciones, cuyos tamaños oscilan entre los 50 y 60 metros, también hay cabañas equipadas hasta el último detalle, salón, cocina, terraza,… para los que prefieran viajar en familia.

El diseño de interiores viene de la mano del estudio AnahoryAlmeida, donde un toque rustico-vintage se deja ver en todos los espacios, pocos elementos pero muy bien definidos y en perfecta sintonía con la arquitectura.

Podéis leer más sobre el hotel en este artículo de El País o ver muchas más imágenes en su página web. Para mí sin duda otro descubrimiento (gracias Ana) para añadir en mi wish list y además tomando las primeras posiciones.

Como os decía al principio del post aún no estoy al cien por cien, así que si en estos días hubiera más ausencias ya sabéis el porqué. Nos vemos…

Imágenes: El País y São Lourenço do Barrocal

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RVR Arquitectos

De las típicas casonas cántabras de las que os hablaba en mi post del miércoles, con sus gruesos muros y sus oscuras maderas que les dan abrigo, pasamos a esta otra maravilla donde el blanco, los altos techos y las maderas naturales toman protagonismo. Si me preguntáis con que estilo me quedo, no podría deciros, me encantan ambos, creo que a cada lugar le corresponde una tipología de arquitectura y me parece que lo importante es estar en sintonía con el entorno.

La casa de hoy está ubicada en Italia y es propiedad de María Valladares y su marido. La empresa española RVR Arquitectos, supo captar el deseo de simplicidad que buscaban sus propietarios. Blancas paredes encaladas, combinadas con detalles oscuros que las enfatizan y maderas en tonos suaves que crean un aire rústico, son las características de este hogar al que una puerta corredera de vidrio, da la bienvenida.

A medida que pasamos de una habitación a otra, las texturas naturales y los elementos sin tratar se hacen más presentes, fijaos en la curiosa estructura de la barandilla de la escalera realizada con cuerdas en zig-zag, o la simpleza de la lámpara del dormitorio realizada también con una gruesa cuerda y una bombilla desnuda (me encanta cómo queda). Ambos son recursos simples pero a la vez de gran impacto visual.

Otra de las bondades de esta casa es la cantidad de luz natural que se enfatiza gracias a sus paredes de piedra en blanco, a los altos techos, las maderas claras y los toques de vegetación que podemos encontrar en cada uno de los espacios de la casa. Ya sabéis, poned una planta un vuestras vidas :-)

La viguería de los techos en la cocina y el comedor proporcionan un espacio acogedor y sencillo para comer, es una zona además donde gracias a sus grandes ventanales, se puede disfrutar de las vistas y la vegetación exterior mientras cocinas o comes, todo un lujo. En la cocina destacan sus brillantes encimeras de mármol, junto a detalles como la iluminación en bronce, en el comedor unas sillas Wishbone ponen el toque de diseño al igual que la magnífica Eames del rincón de lectura, en una casa donde mayoritariamente el diseño interior es sencillo y sin pretensiones.

¡Feliz fin de semana!

Imagen vía: Est Living

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Nuestra escapada de fin de semana

A falta de grandes viajes, de vez en cuando es bueno hacerse una escapada de fin de semana. Hemos encontrado la excusa perfecta para ello: las carreras. Mi marido es un crack en esto del trail (correr por montaña) y a mí me ha arrastrado también, obviamente no hacemos las mismas distancias pero compartir aficiones con tu pareja es un lujo.

Esta vez nos fuimos a Cantabria, mi marido participaba en Los 10.000 del Soplao o lo que es lo mismo «el infierno cántabro«, como lo llaman. Me tocó ir de acompañante porque la distancia más corta que había era la carrera que hizo él, 48 km, ahí es nada (igual al ritmo que voy dentro de cinco años soy capaz de correr con él, de momento me conformo con mucho menos). Si os interesa el deporte pinchad en el enlace porque no sólo hay carreras a pie, también de bicis (más de 100 km), andarines (50 km), rutas adaptadas, ultramaratón, etc. o mejor aún, podéis ver el vídeo de la carrera hecho y narrado por mi marido (pinchad aquí para verlo y si os interesa el mundillo del trail podéis suscribiros a su canal). La verdad es que merece la pena ir aunque sólo sea por ver el ambientazo que hay y ya que estás en Cabezón de la Sal (desde donde sale la carrera), aprovechar para hacer turismo por los maravillosos pueblos de la zona.

Nosotros nos alojamos a 30 minutos de Cabezón de la Sal, en La Casona de Hermosa pueblo que da nombre a este pequeño hotel. La casona está regentada por unos amigos nuestros Rodrigo y Noelia, que hicieron de perfectos anfitriones. Se encuentra junto al pueblo de Liérganes que ha sido catalogado recientemente como uno de los pueblos más bonitos de España y al sur de la bahía de Santander.

La edificación del Siglo XVIII fue residencia de un indiano y su familia a su regreso de Cuba. Es una casona típicamente montañesa, totalmente restaurada y con todas las comodidades que puedas imaginar. El lugar está lleno de antigüedades, colecciones singulares (como una vitrina llena de moldes antiguos de bizcochos), obras de arte que decoran tanto el jardín como los interiores (esculturas y cuadros firmados por Pedro y Ramón Calderón).

En la planta baja tras pasar el recibidor que preside un piano y una chimenea de doble cara, encontramos el comedor con vistas al jardín. Una coqueta zona donde degustar los increíbles desayunos (Rodrigo y Noelia sólo utilizan productos cántabros, no sabréis qué elegir, quesos típicos de la zona, sobaos, distintos panes de elaboración artesanal, etc. un placer para los sentidos, y el estómago claro :-)) En los pisos superiores, 9 habitaciones amplias y decoradas con mimo desde donde se disfrutan las verdes vistas del campo cántabro.

Nosotros nos alojamos en la suite (la habitación rosa). Yo que soy delicada de espalda y cuello, no tengo palabras para describir lo confortables que son las camas, las almohadas de lo mejor que he probado, a pesar de haberme levantado el sábado a las cinco y media de la madrugada para ir a la carrera, descansé como un bebé. El resto de la habitación era para llevársela tal cuál a casa, el tocador y el armario antiguo, las puertas, el papel de flores,… totalmente acogedor.

Las primeras fotos las hice yo, esta vez no han quedado tan mal a pesar de hacerlas con el móvil. Las últimas también son personales, salimos mi marido y yo en la playa de Somo donde comimos el domingo y otras dos imágenes en el pueblo de Liérganes, una de ellas con «El hombre pez» (aquí podéis conocer la curiosa historia de este hombre).

En resumen, esta vez hablo con conocimiento de causa, os recomiendo La Casona de Hermosa por varios motivos, el primero sus propietarios (no encontraréis otros anfitriones que os mimen más), lo segundo por la casona en sí (comodidad, antigüedades, colecciones,… ah! y por supuesto los desayunos) y por último porque está en un lugar privilegiado (Santander, Comillas, Santillana del Mar, Liérganes, Santoña, San Vicente de la Barquera, el parque natural de Cabárceno,… todo a tiro de piedra).

Nosotros ya hemos decidido volver unos días este verano :-)

Playa de Somo

En Liéganes con el hombre Pez

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Con vistas a San Francisco

Qué grandes recuerdos me trae San Francisco. Viví un año en California tras terminar el colegio, en un pequeño pueblo entre San Francisco y Sacramento. Casualmente un primo mío estaba trabajando allí así que me invitaron a pasar un fin de semana, aún lo recuerdo como si fuera ayer. Me sorprendió la ciudad ya que me pareció más europea que americana, y eso se agradece cuando una está tan lejos de su hogar. Hoy vuelvo a ella de manera virtual para enseñaros este precioso apartamento.

El edificio pertenece a los padres de uno de sus propietarios, Daniel, que lo comparte con su pareja Leo y en el piso de arriba, se aloja la hermana de este. Que el edificio perteneciera a la familia fue toda una ventaja ya que no les pusieron ninguna traba para renovar y personalizar el espacio a su gusto, un lienzo en blanco que la pareja fue rellenando con su creciente colección de muebles, así como con obras de arte.

En el apartamento encontramos una mezcla de la herencia escandinava de Daniel, frente a piezas de diseño y corte más minimalista aportados por Leo. Intentando en la medida de lo posible huir de las grandes superficies, la idea era conseguir muebles personalizados y originales, a ser posible de artesanos locales o tiendas vintage. Su secreto para conseguir este resultado fue ir muy despacio, poco a poco, comprando sólo lo necesario en cada momento (como en el caso de la mesa de comedor, que no tuvieron durante cuatro meses hasta encontrar la que les pareció perfecta para el espacio, la trajeron de Londres).

En la vivienda hay de todo, desde muebles baratos tuneados (por ejemplo las estanterías del salón que fueron pintadas con spray para darles un toque más moderno), hasta algún capricho caro como la alfombra de la sala de estar (un diseño personalizado y realizado en seda y lana) o la day-bed, fabricada a medida por un artesano local.

Pero lo mejor de todo dicen, es disfrutar de las vistas de San Francisco desde la ventana del comedor, un lujo al alcance de pocos.

¡Feliz fin de semana!

Sofá: Blue Dot

Estanterías: Urban Outfitters

Daybeb: Alexis Moran

Silla vintage: Hans J. Wegner

Mesa de comedor: Another Country y sillas de Ikea. Lámpara del comedor: Schoolhouse Electric

Cama de CB2 , mesillas de noche de Ferm Living y banco de Another Country

Espejo de Ikea y alfombra de New Friends

Info: Apartment Therapy Fotografía: Esteban Cortez

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Michelberger Hotel

Tengo la sensación de que el tiempo cada vez pasa más rápido. Desde que tuve a mis hijas dejé de contar los años de manera natural (de enero a diciembre), lo hago a través de sus cursos escolares y veo cómo un curso más, se me escapa entre los dedos. Esta vez me da más vértigo si cabe ya que la pequeña termina el colegio para pasar al instituto, aún no ha finalizado sexto y ya siento nostalgia por el que ha sido su colegio desde los tres años «times flies«. La parte buena de todo esto es que tenemos el verano y las vacaciones a la vuelta de la esquina.

¿Tenéis planeado ya vuestro destino de vacaciones? La realidad es que a veces pienso que me gustaría viajar más, que me estoy perdiendo un montón de lugares preciosos (mi lista cada año crece más y más), pero por otro lado saber que tienes un pueblo donde veranear, con una gran pandilla de amigos, eso no tiene precio. Así que nosotros como cada año, disfrutaremos de nuestras tierras sorianas y pasaremos una semana en Portugal.

Para los que sois viajeros y os gusta descubrir nuevos destinos con alojamientos peculiares, os quería enseñar el hotel Michelberger en Berlín, todo un hallazgo gracias a la revista Dwell. Se trata de un hotel familiar, con un concepto muy curioso, tan sólo tiene seis habitaciones pero la más solicitada es la 304. Diseñada por el arquitecto danés Sigurd Larsen, creó dentro de la habitación un nuevo volumen que simula una casa de madera, garantiza la sensación de recogimiento y refugio. Para fomentar la creatividad y la diversión, así como ofrecer toda la luz natural posible, el arquitecto ideó un conjunto de puertas plegables, tragaluces y ventanas con diversas formas y tamaños. Dentro de esta pequeña casa, se vislumbran las paredes de madera que otorgan calidez al espacio. Al final este habitáculo se convierte en algo personalizable ya que los huéspedes pueden elegir qué compartimentos usar, dejar cerrados, o abiertos. Dentro de la suite además de este volumen que hace las veces de casa, hay una escalera que conduce a otro dormitorio, a una sala de estar y se completa el conjunto con un gran baño.

¿Qué os parece la habitación? ¿Curiosa, no?…

Imágenes: Rita Lino para Dwell

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Richmond Residence

Al igual que la semana pasada tampoco esta es la típica casa que suelo enseñar en el blog, pero últimamente intento abrir mi mente a otros estilos que no sean el típicamente campestre, los que me recuerdan al mar o aquel salpicado de referencias Mid Century, mis favoritos. La de hoy es una vivienda moderna, que se acerca más a lo industrial que a cualquier otra cosa y que merece la pena ver ya que tiene elementos que llaman mucho la atención.

Situada en Richmond, un barrio al sur este de Melbourne, la casa se distribuye en tres plantas. Su fachada de ladrillo cubierto de vegetación, no hace prever lo que encuentras al traspasar la puerta. Un gran hall de entrada con tres enormes luminarias presidiendo la estancia, que dan paso a un estudio y dos dormitorios con baño. En el nivel superior se encuentra el epicentro de la casa, donde la cocina y la sala de estar ocupan todo el espacio. Es aquí donde me he llevado la gran sorpresa, en todo este piso el techo está pintado en color negro y lejos de empequeñecer la estancia, gracias a la cantidad de luz natural que se cuela tanto por los ventanales de la terraza como por los tragaluces de la cocina, no resulta agobiante. También el acierto de haber elegido superficies como el acero en las encimeras de la cocina, que reflejan aún más la luz, o los suelos de hormigón pulido en un gris muy claro, que también favorecen la sensación de amplitud, por último, un mobiliario contemporáneo de líneas rectas y sencillas hacen de este salón abierto un lugar confortable y familiar. Creo que si el techo no estuviera pintado de negro me parecería algo frío, sin embargo esta tonalidad oscura consigue darle un aire de refugio que me encanta.

En la última planta se encuentra la «joya de la corona», un enorme dormitorio con inmejorables vistas, acompañado por un majestuoso baño y la zona de vestidor, es como si hubieran querido reproducir una lujosa suite de hotel. De este dormitorio me ha enamorado el cabecero que a pesar de ser sencillo, provoca un gran impacto visual, es como un tabique divisorio en el que se integra una alacena, no tengo muy claro si va revestido nuevamente de hormigón, o si se trata de algún tipo de estuco, en cualquier caso el resultado me encanta. Otro acierto, no llevar el tabique hasta el techo para dejar pasar la luz al otro lado.

Poco que decir de los baños, todo un placer para los sentidos. Limpios, atemporales, con todo lujo de detalles (duchas a ras de suelo, bañera exenta, zona de lavandería,… tienen de todo).

A veces hay que mirar a otros lados para darnos cuenta que la belleza no sólo está en un par de estilos…

Imágenes: Est Living, Eat Bathe Live y Jellis Craig
Proyecto: Eat Bathe Live

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Behance, la red social para los amantes de la creatividad

Llevo días desconectada, concretamente desde el miércoles de la semana pasada que fue mi último post, raro en mí. Con el largo puente de por medio, al final he estado desaparecida (menos en redes). Viene bien dejar reposar las neuronas de vez en cuando.

Y hablando de redes, ayer descubrí una nueva red social (en realidad no es nueva, aunque sí para mí). Se llama Behance y está destinada a interioristas, arquitectos, arte digital, fotografía, ilustración, branding, diseño gráfico, moda y así hasta casi ciento treinta disciplinas creativas. En ella, tanto empresas, agencias, personas independientes o incluso universidades, dan a conocer sus trabajos subiendo sus portfolios con la finalidad de crear sinergias, encontrar potenciales clientes, sponsors o colaboraciones. Para que nos entendamos sería algo así como Linkedin pero destinando al mundo creativo y por tanto la web en sí es muy llamativa y visual.

Es donde he encontrado el proyecto que vais a ver hoy y ahí es donde tengo que ponerle un pero a esta red, tratándose de interiorismo, arquitectura, arte,… estaría bien no sólo poder ver las imágenes sino también que nos hablaran sobre ellas, aunque simplemente fuera una breve explicación de las mismas. Parece que como en todas las redes sociales cuentan más los «likes» que aportar información de utilidad. Poco puedo decir de este proyecto, se le atribuye a tres arquitectos Ruslan KovalchukMariya Chmut y Stephen Tsimbalyuk de Ucrania. Para mi tiene ese factor WOW que tanto busco, en este caso no la vería como casa para vivir en ella pero sí me parece sorprendente estéticamente hablando. Me encanta el combo de color que se extiende por toda la vivienda y se limita al blanco, el gris y el rosa. Precisamente por la invasión de este último color, podríamos tender a pensar que se trata de una casa súper femenina, sin embargo yo apostaría que es el apartamento de un hombre, o al menos es lo que he pensado al ver el dormitorio, más concretamente el vestidor.

Fijaros bien en los todos los detalles, yo he recorrido las imágenes varias veces.  La iluminación no tiene desperdicio; tampoco el almacenaje, no veréis cosas a la vista porque en cada rincón hay cajones, cubos, armarios,… que mantienen la casa en perfecto  orden, incluso en la parte baja del sofá del ventanal; la cocina es maravillosa ¿os atreveríais con una en rosa?; nada se escapa a esta tonalidad ni tan siquiera el lavabo, el inodoro o la lavandería. La casa es peculiar, lo reconozco, pero no creo que os deje indiferentes.

¡Feliz fin de semana!

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Pierhouse Brooklyn, NY

Esta casa es una mezcla explosiva de piezas mid-century, diseño contemporáneo, nórdico, acentos marroquís y africanos, toques naturales, otros industriales, detalles sofisticados y ricas texturas ¿Qué locura, no? Pues el resultado no puede ser más acertado, eclecticismo del bueno.

La vivienda está situada en Brooklyn, Nueva York. El proyecto de diseño interior fue llevado a cabo por Threshold Interiors, en este post podéis ver otro de sus trabajos del que os hablé hace ya un tiempo. Los clientes buscaban un resultado sofisticado, pero no aburrido, querían color y vida. Por ello se implicaron mucho en la elección tanto del mobiliario como de las telas, un ejemplo de ello es el sofá Mah Jong personalizado de Roche Bobois que preside el salón, al igual que reprodujeron una alfombra sueca de la serie vintage de Doris Leslie Blau. El mayor reto era aprovechar el hueco bajo la escalera, una zona algo estrecha a espaldas de la isla de la cocina. Lo consiguieron colocando módulos de estanterías bajas con formato de cubos, un escritorio doble con baldas en su parte superior y finalmente (bajo la zona más alta de la escalera) un armario que permitiera albergar abrigos y otros enseres.

Mención especial para los papeles pintados que se distribuyen por toda la casa, desde el sofisticado y romántico azul del dormitorio, que contrasta a la perfección con la cama de madera con dosel; al intenso papel en blanco y negro que cobija el comedor (con mi mesa favorita, por si no os habíais dado cuenta, la Tulip de Saarinen); pasando por un discreto papel entelado a continuación del armario; al toque divertido con cuadros de conejos en el baño; el delicado papel con topos dorados del cuarto infantil y un más que atrevido papel con motivos vegetales que ni siquiera parece pertenecer a la misma casa. Excepto el último, demasiado para mí, y a pesar de convivir todos juntos, no desentona ninguno.

Creo que es una casa llena de personalidad, con una sabia mezcla de colores, piezas de diferentes estilos, papeles pintados,… donde nada sobra y nada falta. Como os decía al principio, el resultado es elegante y equilibrado. Espero que la disfrutéis…

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28 metros cuadrados en Nueva York

Hoy os enseño un pequeño apartamento en Nueva York de apenas 28 metros cuadrados al que no le falta detalle. Ha sido diseñado por Meagan Camp para una clienta que buscaba un refugio para escapar tras sus estresantes jornadas de trabajo, algo sencillo y relajado donde huir de sus preocupaciones y de la acelerada vida de la ciudad. Lo quería con un toque femenino pero no demasiado marcado, así que la diseñadora se decantó por suaves colores neutros, una bonita mezcla entre lo tradicional y lo contemporáneo, acentuando de esta manera las raíces clásicas de un edificio de 1930 con elementos más modernos.

Al ser un apartamento de alquiler, lo primero que hizo Meagan Camp fue dar una buena capa de pintura blanca a las paredes, el efecto inmediato que se consigue (además de la luz) es la sensación de limpieza. Con su lienzo en blanco preparado ya estaba todo listo para llenar el espacio con el estilo decorativo que buscaba su clienta.

Todos las piezas siguen un mismo patrón de colores neutros y suaves, una manera de asegurar la sensación de amplitud y serenidad en un especio pequeño. Pero eso no quiere decir que sea aburrido, la interiorista jugó con las líneas, las formas y las texturas, como la alfombra de yute, los tiradores de cuero del armario, o la vieja pátina del carro de médico antiguo que se ha utilizado a modo de mesilla de noche. Otra ventaja respecto a los neutros es que son atemporales y según con las piezas que los mezcles, conseguirás un resultado más moderno o uno más tradicional, te permite además si te cansas, renovar ciertos elementos y sustituirlos por otros  fácilmente ya que la base combina con todo.

A pesar de sus pocos metros, o precisamente por ello, decorar este espacio fue un reto. El sofá tenía que ser relativamente pequeño, dejando pocas opciones, al igual que la mesa de centro que debía ser estrecha y alargada para no entorpecer el paso pero a su vez tener el tamaño suficiente para poder comer. Para el almacenaje estaba muy limitada, así que la interiorista recomendó a su clienta deshacerse de aquello que no utilizara (algo que suele hacer con otros clientes en una ciudad donde el espacio es un lujo al alcance de pocos). A veces incluso recomienda a sus clientes que se pongan en contacto con empresas especializadas para realizar esta tarea de criba que a todos nos resulta tan difícil.

En este proyecto en concreto, cada pieza debía tener un sentido para almacenar. Bajo la cama por ejemplo, hay una colección de cajas con ruedas destinadas a guardar ropa de otras temporadas; todas las mesas incluido el tocador disponen de al menos un cajón y el armario es el conocido PAX de Ikea, personalizado con tiradores de cuero.

Siguiendo con los trucos para espacios pequeños, los espejos también tienen gran importancia. No sólo sirven para mirarnos, puedes ponerlo frente a unas ventanas para que rebote la luz natural, o entre ellas para hacerlas parecer más grandes, o sobre un escritorio para duplicar el espacio al encender la luz,… son grandes aliados. Otro truco es añadir alguna antigüedad o pieza de época ya que aportan personalidad y carácter al mezclarlas con otras más modernas. En este caso además, se ha optado por otro recurso, a pesar de no tener grandes ventanas las cortinas van de lado a lado de la pared y de techo a suelo, de esta manera también se crea la ilusión óptica de que éstas son más grandes.

¿Qué os parece el resultado? A mí me resulta un espacio coqueto, cómodo, con un mix de piezas interesantes, muy apropiado para una sola persona que vive en una gran ciudad como Nueva York.

¡Feliz fin de semana!

Fotografía: Rikki Snyder / Más info vía

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